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Los populistas también pueden tener razón
Los populistas también pueden tener razón
Jeffrey D. Sachs
El auge de los gobiernos de izquierda en América Latina,
particularmente la elección de Evo Morales como Presidente de
Bolivia, ¿es el presagio de un cambio hacia la izquierda dura en todo
el continente? ¿Marca un repudio a la política exterior de Estados
Unidos en la región? Por ejemplo, ¿llevará a
una renacionalización de las vastas reservas de gas natural de
Bolivia?
Se trata de preguntas vitales, pero no abordan el trasfondo más
amplio del ascenso de una figura como Morales, ya que se trata del
primer jefe de estado indígena electo en ese país. Su victoria
constituye un paso hacia adelante en la democratización general de
América Latina, con una significación positiva en el largo plazo para
el desarrollo económico y social de la región.
Para comprender el por qué, es útil dar una mirada más amplia a la
historia y el desarrollo económico de América Latina. Las sociedades
del continente americano fueron forjadas por conquistas europeas de
poblaciones indígenas, y por las divisiones raciales y étnicas
subsiguientes. Tanto EE.UU. como América Latina todavía enfrentan
estas divisiones históricas.
Los europeos que conquistaron y colonizaron América después de 1492
no encontraron vastos territorios vacíos, como algunas veces
proclamaron, sino tierras pobladas por comunidades asentadas allí por
miles de años. Una proporción importante de las poblaciones indígenas
sucumbió rápidamente a las enfermedades y adversidades traídas por
los colonizadores europeos, pero muchos sobrevivieron, a menudo en
cantidades importantes, en lugares como Bolivia y gran parte del
altiplano de la región andina.
Casi en todos lados, estas poblaciones indígenas supervivientes se
convirtieron en sirvientes de las sociedades dirigidas desde Europa.
Más tarde, los europeos llevaron millones de esclavos africanos a
América. Tras la emancipación en el siglo diecinueve, las comunidades
afroamericanas permanecieron sumidas en la pobreza y, en gran parte,
despojadas de sus derechos políticos.
Así, en el origen de las sociedades americanas hubo grandes
desigualdades de
poder, posición social y bienestar económico. Desde entonces, las
comunidades indígenas, afroamericanas y mestizas han estado luchando
por sus
derechos sociales, políticos y económicos.
La democracia en América Latina ha sido una lucha que ha costado
ganar.
Incluso en EE.UU., un país que gusta verse como un modelo de
democracia, los
afroamericanos no tuvieron plenos derechos sino hasta mediados de los
años
60. En América Latina, la democracia ha sido similarmente incompleta,
inestable y a menudo inaccesible para los indígenas, los
afroamericanos y
las poblaciones mestizas.
Más aún, dadas las vastas desigualdades de poder y riqueza en América
Latina
y con una gran parte de la población sin acceso a tierras ni
educación, por
largo tiempo la región ha sido vulnerable a rebeliones y formas
populistas
de hacer política, con líderes que prometen rápidas ganancias para
los
desposeídos a través del despojo de las propiedades de las elites.
Las
elites han reaccionado, a menudo de manera brutal, para proteger su
propiedad. En consecuencia, la política ha tendido a ser una lucha
más
violenta que electoral, y con frecuencia los derechos de propiedad
han sido
débiles.
Un patrón dominante tanto en EE.UU. como en América Latina ha sido la
resistencia de las comunidades dominantes blancas a contribuir al
financiamiento de inversiones públicas en "capital humano" (salud y
educación) de las comunidades negras e indígenas. Mientras las
sociedades
europeas han desarrollado estados de bienestar social con acceso
universal a
la salud pública y a servicios de educación, las elites del
continente
americano han tendido a favorecer la provisión de salud y educación
por
parte del sector privado, en parte reflejando la falta de voluntad de
la
población blanca de contribuir financieramente a los servicios
sociales de
otros grupos étnicos y raciales.
La elección de Morales en Bolivia -donde se estima que los grupos
indígenas
componen cerca del 55% de la población y que la gente mestiza
constituye
otro 30%- debe verse con este telón histórico. Más aún, el de Bolivia
no es
un caso aislado: el cambio de regímenes militares a gobiernos
democráticos
en América Latina a lo largo de los últimos 20 años está consolidando
gradualmente y con avances y retrocesos, pero en forma constante, el
fortalecimiento político más allá de las elites tradicionales y los
grupos
étnicos tradicionales. Por ejemplo, Alejandro Toledo es el primer
presidente
indígena del Perú.
A más largo plazo, la difusión y consolidación de la democracia en
América
Latina promete no sólo sociedades más justas, sino también
económicamente
más dinámicas, a través de mayores inversiones en salud, educación y
capacitación laboral. La crónica falta de inversiones en educación de
la
región, particularmente en ciencia y tecnología, es en parte
responsable de
su estancamiento económico durante el último cuarto de siglo. A
diferencia
del Este Asiático y la India, la mayor parte de América Latina no dio
pasos
decisivos hacia la conversión a industrias de alta tecnología, y en
lugar de
ello sufrió un periodo de bajo crecimiento del PGB, crisis por la
deuda
externa e inestabilidad macroeconómica.
Ahora esto puede cambiar, al menos de manera gradual. Bolivia haría
bien en
seguir el ejemplo de su vecino del este, Brasil, que ha experimentado
un
gran aumento de sus inversiones en educación y ciencia desde su
democratización en la década de los 80. Además, la mejora de los
logros en
educación está ayudando a promover exportaciones tecnológicamente más
sofisticadas.
Por supuesto, la elección de Morales también plantea muchas dudas y
preguntas importantes en el corto plazo. ¿Seguirá el nuevo gobierno
políticas económicas responsables, o Bolivia se verá tentada
nuevamente a
aplicar medidas populistas desestabilizadoras, como lo ha hecho
tantas veces
en el pasado? ¿Renegociará Morales las leyes y contratos acerca de
las
vastas reservas naturales de Bolivia, como su gobierno se ha
comprometido
con toda razón, de un modo que no termine alejando la tan necesaria
inversión extranjera?
Bolivia ha entrado a una nueva era de movilización masiva de sus
comunidades
indígenas, que tanto tiempo han sufrido y ahora han alcanzado la
victoria.
Las perspectivas de corto plazo son inciertas. Sin embargo, en un más
largo
plazo, es correcto apostar a los beneficios económicos de la
democratización
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Jeffrey Sachs es Profesor de economía y Director del Earth Institute
en la
Universidad de Columbia.
Copyright: Project Syndicate, 2006.
www.project-syndicate.org
Adolfo
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