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CARTA PÚBLICA A SCHAFICK HANDAL
CARTA PÚBLICA A SCHAFICK HANDAL
DAGOBERTO GUTIÉRREZ
Tu muerte no sorprendió porque esta no es una sorpresa, no tiene hora
solo tiempo, no tiene tarjeta, solo invitación y autonomía plena para
llegar cuando quiera y, para abrir, eso sí, la sorpresa de la vida de
cada quien.
Que duda cabe que viviste como una persona feliz porque lograstes
vivir como pensabas y no pensar como vivías, y mira que cosas,
después de luchar toda tu vida desde los catorce o quince años en las
luchas contra el dictador Hernández Martínez, estas librando la mayor
y mejor de tus batallas después de muerto a los 75 años. Eso suele
ocurrir cuando el escenario donde se vive y se lucha es conmovido por
la escena que se construye a la hora de la muerte.
Venías de Bolivia, es decir, de una hora de victoria y de avances
inmensos de los pueblos y llegastés a tu país a la hora de morir y
esta es una fortuna porque morir en medio de los suyos siempre es un
sueño vital; pero hacerlo cuando las derechas del país están
atrapadas en los hilos de su propia madeja es tener un escenario de
lucha de clases inimaginablemente construido durante esta prolongada
posguerra.
Como siempre hablaste claro y siempre tuvistes bando definido y
siempre fuistés parte del bando perseguido, débil y matado desde
antes de 1932; es decir, el bando de los comunistas. Iniciastés una
larga ruta política y ética, recorriendo las aulas universitarias,
los sindicatos obreros y campesinos, los partidos políticos y las
elecciones, la lucha armada generalizada, el FMLN, la solución
política negociada y, el ambiente áulico del sistema político como
funcionario. Toda una vida, todo un sueño y todo un pueblo, y todo
esto junto en medio del mayor de los conflictos, por eso tu muerte
abre un nuevo conflicto y de ahí nace la energía social necesaria
para seguir actuando, como lo seguís haciendo, desde tu muerte, en
verdad seguís invicto y avanzando sabedor que luchamos por el
presente y el futuro en disputa.
Hace más de treinta años, te recordarás, enterramos a Rafael Aguiñada
Carranza en medio de la indignación y protesta por su asesinato.
Quien iba a decir y quien podía decirlo que a la hora de tu muerte
esta superaría a tu vida misma, al encontrarse plenamente con el
pueblo y más allá, pero más allá, de las cuatro paredes de tu
partido. Es la primera vez en la historia del pueblo que el líder de
un partido pasa a ser el guía de un pueblo y se convierte en la
verdad, esta se encuentra hoy en tu vida truncada y es fuente de
esperanza, de dignidad, de confianza y certidumbre, por todo esto es
justo afirmar que sigues vivo en tu vida, tu pensar y tu luchar.
El escenario de tu muerte tampoco tiene hora, ni principio ni fin
porque es nutrido por la encendida lucha de clases de la hora
política del país, las derechas han sido sorprendidas y rebasadas por
el cariño y el reconocimiento que todo el pueblo te hace, incluido,
la derecha misma que por ahora no puede sacar sus cuchillos afilados
porque se enfrenta a un reconocimiento popular insospechado. Hoy la
popularidad, no siempre presente en tu caso, se abraza con la calidad
popular de tu lucha y crecen ambas en el reconocimiento.
Creo que debes decirles a tus compañeros de partido que pueden
entender, así como los del camino de Emaús, que vos seguís estando y
que vos seguís siendo; pero que ahora desbordando totalmente a ese
partido con la energía que proviene de tu vida es más, pienso que
podrás insistir, con suficiente autoridad, en que se trata de la
continuación de una lucha y no de la continuidad de una práctica que
debe superarse diles, por favor, que no cesen ni un instante en hacer
del partido un medio y no el fin apetecido por el sistema político;
en aprender de la gente de carne y hueso que la hora actual es de
acumulación de todas las horas anteriores y, finalmente, que deben
aprender, urgentemente, a ser cercados por el pueblo en lugar de ser
cercadores de ese mismo pueblo.
Hasta ahora no he ido a tu vela porque no logro entender los
misteriosos caminos del reposo final; pero iré; no estamos lejos, ni
en la vida ni en la muerte, siempre discutimos y a veces
encendidamente; pero tú sabes que la diferencia es un puente que a
veces no siempre es visible; pero los puentes son objetivos a veces
vulnerables.
Lo verdaderamente invulnerable es el puente de confianza,
reconocimiento, firmeza, tenacidad, que vos construiste con el
pueblo, ese es el puente que hoy está siendo cruzado por millones de
salvadoreños y esta es una buena noticia, es la señal que avanzamos
hacia delante.
San Salvador, 26 de enero de 2006.