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Juancho y Chando: entre pistolas y caminos reales






Juancho y Chando: entre pistolas y caminos reales 
 
Roberto Quesada

 El valiente de palabras es muy ligero de pies: Anónimo. 

Juancho es Juan Ramón Martínez y Chando, por supuesto, Lisandro 
Quesada. Después hablaremos de estos personajes, ahora solamente 
estoy dando los créditos como es habitual en las películas, es 
probable que incluso por aquí aparezca algo así como: Olanchito 
Century Fox.  Además, se aconseja leer el presente teniendo de fondo 
música del viejo oeste, como el tema principal de El bueno, el malo y 
el feo. (Y cerrar puertas y ventanas, no vaya a ser que se les cuele 
un balazo).

Trataré, no sé si con éxito porque hoy no estoy en esa vena, de 
escribir el presente con sentido del humor. No porque yo quiera sino 
porque los lectores lo exigen y, además, el tema de estos vaqueros da 
para ello. Pero, sobre todo, lo haré por un barbero de La Ceiba, 
Norberto Arturo Padilla, quien, cuando entré en su negocio ?Barbería 
Norberts? , en la Avenida 14 de Julio, me recibió con tanta emoción 
que hasta me sentí como vaquero consagrado.

Norberto mientras me quitaba el cabello me hablaba de mis artículos, 
de la verdad dicha con sentido del humor, de que siempre recomendaba 
a sus clientes leerme los lunes y buscar mis libros. Al terminar con 
la cabeza, tomó una de esas navajas antiguas, propias de los ?barbers 
shop? en donde se rasuraban los vaqueros, y me dijo que me 
emparejaría la barba y, presumiendo, me enseñó esa brillante navaja 
que más parecía para destazar que para pulir una barba.

Jamás he estado frente a este tipo de navajas ni de otras, es de 
sospechar que me invadió un escalofrío, agudizado cuando ? como en un 
viejo cuento de García Márquez? el barbero rasura al alcalde, 
Norberto detuvo la navaja en mi corto cuello (así es Dios, quita en 
unas partes para compensar en otras) y dijo con lentitud 
atemorizante: ?Nunca deje de escribir con sentido del humor?. A 
través del espejo parpadeé hábilmente afirmando, como amontonando los 
síes. Al finalizar Norberto me pidió tomarme fotos con él, con sus 
hijos y solitario en la barbería ¡Salí ileso!

No, no es que tema a las barberías, por el contrario, me gustan 
porque allí uno se entera de todo (como por ejemplo en un programa 
radial de tremendo éxito que había en Honduras: Platicando con mi 
barbero) y puede llevarse sorpresas como cuando nos conocimos en una 
barbería, en Madrid, con el director técnico holandés Guus Hiddink, 
quien me pidió que le firmara un libro, yo preferí que 
intercambiáramos autógrafos, teniendo como testigo a un sorprendido 
periodista José Adán Castelar. Tengo razones para que me agraden las 
barberías, sucede que la petición de Norberto a navaja en cuello de 
que no pierda mi sentido del humor deja sin humor a cualquiera.

Aquí vamos llegando a donde queremos, que es cierto, las palabras así 
como pueden ser enternecedoras pueden ser nocivas como cuchilladas o 
balazos, a veces peores. Lisandro Quesada, alias Chando, a veces ha 
sido bueno con las palabras y otras las ha abusado, a tal grado que 
las palabras se le fueron en contra. Ese fue el caso que cuando 
inspirado por Marcial Lafuente, retó al presidente Ricardo Maduro a 
un duelo a balazos en un camino real.

Parece ficción, pero fue cierto. Uno se imagina a Chando al mejor 
estilo de C. Eastwood (la C no es de Clint sino de Chando Eastwood), 
con una equis de balas adornándole el pecho, cigarrillo oscuro a 
orilla de boca, pasos lentos con el ?clap? ?clap? de las espuelas 
imponiéndose al silencio que precede a la muerte. Chando allí, 
esperando por el contendiente Maduro. Chando, presencia aterradora, 
el más hombre entre los hombres que nunca se interesó por saber si 
sus hijos comían, iban a la escuela o simplemente les faltaba una 
caricia paterna. ¡Qué miedo!

Creí que este proceder era propio, único, de Chando, nunca de una 
generación. Pero la letra impresa me rescató del error porque el 
martes 17 de junio del 2008, Juan Ramón Martínez escribe en La 
Tribuna: ?Zelaya, nos convoca a la pelea?. Y todo parece que se debe 
a la decisión del presidente Zelaya de pasarle los santos óleos al 
aeropuerto Toncontín y habilitar el aeropuerto de Palmerola. 

Es probable que la del Presidente haya sido una decisión precipitada, 
eso sí, para nadie, sobre todo para quienes tanto hemos viajado (no 
es privilegio solamente de Juan Ramón de haber andado el mundo no 
sólo por andar), sabemos que lo del ?prestigio? del aeropuerto 
Toncontín de ser uno de los más peligrosos sino del mundo por lo 
menos de nuestro continente, no es un cuento de camino real. De 
hecho, en lo personal siempre he buscado una excusa para aterrizar en 
San pedro Sula, no vaya a ser que ya casi llegando a casa ocurra una 
tragedia.

Pueda que la culpa, y es lo que ha salido a luz por los propios 
entrevistados que viajaban en el vuelo, haya sido de un error humano: 
?El piloto se comió la pista?, es la respuesta generalizada. No 
obstante, no estaría demás aprovechar el incidente para que ya 
Toncontín deje de ser una trampa: buscar soluciones como ampliar la 
pista, derribar un cerro para darle mejores posibilidades a los 
pilotos, tener la opción de dos aeropuertos una vez habilitado el de 
Palmerola o qué sé yo. Todo esto puede decirse, discutirse, 
analizarse, sugerirle al gobierno, sin necesidad de caer en la 
chandidez tal como lo ha hecho Juan Ramón Martínez, convertido en 
extremista con su lenguaje ?intimidador? tal como lo hiciera contra 
mi persona nuestro embajador en Galápagos.

En su artículo: ?Zelaya, nos convoca a la pelea?, Juan Ramón dice 
sobre el Presidente: ?En vez de lucir valiente, se ha acobardado 
refugiándose en la obstinación y la terquedad? (qué irrespeto, ya le 
llamó cobarde al Presidente); ?Prefirió la terquedad de Carías 
Andino? (ha de estar revolcándose en la tumba Carías pues él se creía 
mano dura); ?Lo derrotó la tradición rural? (Juan Ramón nació en 
París, con aguacero); el estadista le dio paso al pendenciero que nos 
invita a la pelea (aquí ya se comienza a personalizar el asunto); ?Es 
un macaneador empedernido? (¿lo dirá por experiencia?); ?Aquí pueden 
pasar muchas cosas. El pueblo puede producir nuevos líderes que 
sustituyan a los ?dueños? de la protesta. E incluso, el ?Chávez? 
catracho que muchos están esperando, puede estar arremangándose la 
camisa?? (¿el parisino de Juan Ramón no estará enterado de que el 
presidente Hugo Chávez ha declarado obsoletas las luchas armadas y 
llamó a la FARC a liberar a los secuestrados?). 

Por otro lado, Juan Ramón se autoproclama vocero del pueblo 
hondureño, no sé en dónde extienden estas licencias, pero no creo que 
el pueblo quisiese tener un vocero circunstancial, ya que en otras 
administraciones Juan Ramón se ha llamado al silencio, y, como dice 
el poeta: ?Guardar silencio es compartir el crimen?. Sin duda, estos 
artículos recientes de Juan Ramón llenos de improperios y de 
amenazas, se asemejan más a un frustrado asunto personal que a una 
colectividad, la del pueblo hondureño, que busca por mejor destino.

No pretendo ser defensor del Presidente ni verdugo del analista, 
solamente deseo dejar claro que puede haber discrepancia, discusión, 
sin necesidad de llegar a niveles en donde hasta se rifa, dicho 
literalmente, la cabeza del contendiente. Este fue el caso de 
Chandito cuando conminó al presidente Maduro a darse de balazos en un 
camino real. De hecho, yo mismo fui víctima de la chanza de las 
amistades quienes sabían de mi parentesco, cada vez más frágil, con 
el pistolero. Tal como lo hiciera el periodista Armando Villanueva 
preguntándome si Chandito ya había aceitado el revólver.

Qué cosas: Juancho y Chando son contemporáneos, los dos son de 
Olanchito, los dos son altos, los dos son columnistas, los dos 
llegaron con todo el ruralismo a cuestas de Olanchito a Tegucigalpa, 
los dos son musuquitos (nada más que uno pretende alisárselo más que 
el otro, pero ambos son una especie de vaqueros atípicos, vaqueros de 
fantasía, según las películas), pero eso sí, esta es la coincidencia 
que nos lleva a lo inexplicable: Los dos han retado a presidentes a 
batirse a balazos. Chando lo hizo cuando invitó al presidente Maduro 
a duelo en un camino real, y Juan Ramón, que no salga a argumentar 
que lo están mal interpretando, finaliza su artículo diciéndole al 
presidente Zelaya: ?Ahora, puede perder la cabeza. Los dados están en 
el aire. Y las pistolas en la cintura?.

¡Qué nivel!

Nueva York, NY 22 Junio, 2008. 
robertoquesada@hotmail.com





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