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¿DÓNDE ESTAMOS LOS DOCENTES?






                    ¿DÓNDE ESTAMOS LOS DOCENTES?
                           MELVIN MARTÍNEZ
                        melvinadalid@yahoo.es
No les escribo desde el 29 de abril. He sufrido mucho. Ha habido 
tantos temas interesantes para un escritor de ensayos a partir de la 
coyuntura nacional. Sin embargo ese código de ética que no está 
escrito, y que muchos escritores nos hemos impuesto, me decía a 
cada minuto que no podía poner mis juicios sobre ningún hecho de 
la realidad nacional si antes no lo hacía sobre mi gremio de 
profesores, al que también debo criticar para procurar transformarlo 
en la búsqueda de la construcción de una patria justa.
Este artículo va surgiendo en este proceso de lucha que la sociedad 
hondureña inició hace ya varios años y que se expresa desde las 
demandas que la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular y 
el Bloque Popular han venido planteando y en torno a las cuales se 
han generado acciones de lucha significativas expresadas en los 
paros cívicos nacionales realizados en diferentes fechas hasta la 
impactante huelga de hambre que iniciaron cuatro fiscales del 
ministerio público y que terminó siendo apoyada y asumida por 
casi todo el pueblo hondureño, representado por sectores 
diferentes, que con su disciplina lograron que esta gesta generará 
los más grandes logros en la lucha contra la corrupción, la 
injusticia y el estado de derecho parcializado con los poderosos y 
corruptos.
Y se va gestando este ensayo, que es más bien una autocrítica, a 
partir de la raquítica participación de docentes en las acciones 
concretas de lucha de las organizaciones populares.
Afirmo esto con la tristeza que provoca darse cuenta que la 
participación militante de docentes en plantones, marchas, tomas de 
carreteras es realmente pequeña, a pesar que las dirigencias 
convocan a paros de labores nacionales, que si son acatados con 
disciplina, pero para ser convertidos en jornadas de descanso, para 
ir de compras o para que la mayoría atiendan asuntos personales.
Cuando la lucha es del pueblo la mayoría de docentes asumen una 
actitud inconsecuente, totalmente contraría a la del pueblo cuando 
nosotros luchamos disciplinadamente por nuestro particular 
beneficio. La comprensión del pueblo y su apoyo a las luchas del 
magisterio ha sido siempre importante para el logro de nuestras 
demandas. Sin embargo parece que creyéramos que somos de una 
clase social privilegiada opuesta a las luchas del pueblo.
He sido desde siempre un docente militantemente, integrado a las 
luchas del magisterio que estoy seguro han sido y seguirán siendo 
justas. Lo que no se vale es que cuando nos toca sumarnos con el 
pueblo nos hagamos los desentendidos.
El toque más fuerte para mi silencio corto y la redacción de esta 
autocrítica gremial sucedió el pasado primero de mayo.
Siempre voy con mi esposa, mis hijas e hijos a la marcha de ese 
día, habitualmente lo hacemos en Tegucigalpa. Como todos los 
años nos fuimos buscando la militancia del Colegio de Profesores 
de Educación Media de Honduras (COPEMH), organización a la 
que pertenezco. En el camino nos encontramos con varios 
compañeros que nos indicaban que el grupo del COPEMH venía al 
final. Como la marcha de este año fue tremendamente concurrida, 
optamos por avanzar un poco con los amigos del Bloque Popular, 
ahí me encontré con Sergio Rivera y unos cuatro compañeros más 
de mi organización, (especulé que las divisiones internas y el 
sectarismo a veces manda la gente a refugiarse en mejores 
espacios), seguimos caminando y después mis hijas nos sumaron al 
grupo de la juventud morazanista, donde encontramos muchos 
amigos.
Íbamos como haciendo tiempo para encontrarnos con el grupo del 
COPEMH, en eso me encontré con Juan Domingo Torres que en 
tono de broma nos dijo: ¿no han encontrado lo que queda del 
COPEMH?. Seguimos caminando y llegamos al congreso nacional, 
la emoción era fuerte. Ver a los fiscales que llevaban ya alrededor 
de 25 días en huelga de hambre, al padre Ismael Moreno, al Pastor 
Evelio Reyes, Carla Lara, Waldina Mejía, Salvador Zúñiga y demás 
compañeros en sacrificio, provocaba una emoción intensa. Ahí me 
encontré con la compañera Maricela Estrada y su Esposo Miguel 
Alonso, nos sentíamos bien coreando consignas y sumándonos a 
esa hermosa emoción que provoca la lucha militante, privilegio que 
no pueden darse los que inmovilizan su conciencia.
De repente una llamada de la compañera Lina Pineda, actual 
Secretaria de asuntos culturales del COPEMH: ?nos salimos de la 
marcha a la altura del puente Estocolmo?, en las palabras de Lina 
sentí quizás mayor tristeza que la mía. En el transcurso nos 
habíamos comunicado unas cinco veces, para ubicarnos. Cada vez 
me decía cuantos venían nunca pasó de treinta.
Al final vimos pasar como doscientos del COLPROSUMAH, unos 
ciento cincuenta del PRICHMA, más o menos ochenta del 
SINPRODOH (que me regalaron una gorra), quizás cien del 
COLPEDAGOGOS más unos cincuenta estudiantes de pedagogía, 
al final de toda la marcha un grupo como de treinta compañeros del 
COPRUMH, de quienes comentamos con Manuel Flores, que 
tuvieron el valor que da la emoción, de pararse frente a la carpa a 
asumir compromisos de lucha después que era más que evidente la 
incapacidad de movilización que tiene el magisterio.
Este hecho lo comenté con Maribel Hernández que me expresó que 
algo parecido había pasado en San Pedro Sula. En Comayagua fue 
igual y casi en todo el país.
No pude dejar de relacionar esto con varias declaraciones del 
Ministro de Educación y con un discurso que de él escuche en 
Comayagua en dónde dijo que en este gobierno habían logrado 
resolver casi todos los asuntos del magisterio relacionados con 
salarios, que se nos está pagando puntualmente y que por eso 
estaba seguro que se lograría el cumplimiento de los docentes en el 
proceso educativo, que por eso el año pasado se habían logrado 
más de 190 días de clase.
¿Acaso es el dinero y no la patria el mayor interés de los docentes?
Tenemos que hacer, en las organizaciones magisteriales, una 
evaluación seria sobre esta crisis de conciencia social en el 
magisterio nacional para no seguirnos preguntando ¿Dónde 
estamos los docentes? Y ¿por qué no nos sumamos a las luchas del 
pueblo?, Hay que reorientar la acción de las organizaciones de 
docentes, para devolverle al pueblo un magisterio consecuente y 
combatiente, en lo pedagógico y en lo político.

Hasta la victoria siempre.




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