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La transformación de ésta hondura, en Honduras verdadera.




La transformación de ésta hondura, en Honduras verdadera.

Salud, alimento y fortaleza, eso sigue.
En cada hondureña y hondureño debe existir un Ciudadano Estado, 
vigilando que nadie nos arrebate lo que nos pertenece. El pueblo 
hondureño tiene una gran responsabilidad con el país y con ésta lucha 
que hemos iniciado, más ahora, cuando son públicas las pruebas de 
corrupción entre los principales "representantes" de los partidos 
tradicionales. 

Es evidente que la nación exige un cambio. El sentimiento mayoritario 
es que NO vivimos en democracia, sino en un espejismo institucional, 
discursivo y mediático, mal intencionado desde el extranjero a través 
de los grupos de control local creados con procesos ilegítimos a 
cañonazos de dinero o PEOR creados en medio de la guerra fría, (esos 
que ahora llamamos grupos fácticos, oligárquicos o corruptos), los 
gendarmes de la mayor conspiración gestada en la historia 
centroamericana: la conspiración de la clase rica organizada, apoyada 
por instancias internacionales contra la democracia hondureña, 
salvadoreña, guatemalteca, nicaragüense, y, más reciente, contra la 
conservadora pero de mayor equidad, democracia costarricense. 

Conspiración que le arrebató el alimento, la salud y la educación a 
la clase pobre centroamericana; que constriñó y transformó la 
mentalidad de la clase media haciendo más evidente la concentración 
del poder en una elite que, como un parásito, se enriquece y 
fortalece a través del Estado e imponiendo el ideal colonizador de 
los países ricos que de manera contradictoria apoyan la transición 
democrática en los países cuyas poblaciones empobrecen.

Pueblos escépticos y apartados del aparato público, fue el más grande 
logro de los conspiradores. Muchos, por escepticismo, renunciamos a 
nuestro derecho político y renegamos de esta democracia panfletaria 
que tantos y tontos defienden sólo porque al pueblo se le permite -
cada cuatro años-, manifestar su apoyo o repudio hacia los futuros 
jefes de estado, elegidos previamente por los grupos poderosos 
(corruptos, organizados y ricos). Si eso es democracia, retornemos a 
las ramas de los árboles y estaremos más seguros. 

Quizás por decepción, muchos hombres y mujeres hemos renunciado a 
nuestra ciudadanía política, otros desconocemos la relación entre 
ésta y la ciudadanía social y civil, pero nada de lo anterior impide 
que sepamos que tenemos derechos y que podemos exigirlos. Por 
naturaleza o como reflejo de la convivencia en sociedad, las personas 
intuimos lo injusto, aflora en nosotros el conocimiento en medio de 
la contradicción y cuando es obvio que se sacrifica a las mayorías 
para sostener a una minoría peligrosa, cuyos intereses atentan contra 
el bienestar colectivo. Entonces, este sentimiento y la necesidad de 
equidad como verdad social, fortalecen nuestras convicciones y nos 
impulsa a proyectarnos en el tiempo. 

Un pueblo con convicción no discute, actúa, no se aferra a mecanismos 
ni estrategias inútiles porque sabe que los argumentos son brindados 
por la realidad: la injusticia es uno, la pobreza es otro ¿Qué los 
causa?, la exclusión social, la centralización del poder y la 
acumulación de la riqueza en unos pocos. 

En el estadio de los hombres y las mujeres con convicciones es tan 
importante el campesino como el doctor, el obrero como el abogado, el 
viejo como el joven. Ahí todos valemos lo mismo y somos "igualmente 
distintos" (como escribiera la dama asesinada en el 18), todos, 
necesarios para recuperar el control y la comunidad. 

Unidos, los iletrados y los cultos, con las mismas convicciones, no 
habrá plan que fracase ni fuereño que nos amenace u obligue a aceptar 
la violencia, unidos obtendríamos la paz a través de la conciencia -
no sólo contra la delincuencia común- sino contra los argumentos de 
la realidad que impiden la armonía, esto, como producto de en una 
sociedad poderosa, de personas respetuosas de los derechos ajenos y 
la justicia.

Sabemos que falta bastante para eso (no tanto como piensan algunos de 
la hondura) y sabemos que la reconstrucción de Honduras no puede 
hacerse sobre estructuras carcomidas. Para construir algo grande, se 
requiere una base sólida y organizada, comunicada y coordinada sin 
egoísmo; una base como la que hoy se consolida a lo largo del 
territorio nacional y de la que podríamos extraer nuevos instrumentos 
para liberar el poder en beneficio colectivo, partiendo de una sola 
idea, la de una Honduras diferente.

Tras esa idea, en apenas treinta días, sectores tradicionalmente 
antagónicos nos hemos unido? ateos y creyentes, demócratas y 
socialistas, votantes y abstencionistas, jóvenes y adultos, todos nos 
asociamos motivados por un sueño. En apenas treinta días, emulando lo 
que hicimos hace más de medio siglo, hemos soñado una Honduras 
diferente, en la que no mueran personas por enfermedades previsibles, 
en la que nadie pase hambre, una Honduras sin miedo, una Honduras 
donde hombres y mujeres y negros y mestizos e indígenas tengamos y 
ejerzamos los mismos derechos, una Honduras donde el pobre y el 
adinerado tengan los mismos privilegios, donde el letrado defienda al 
que no sabe leer, una Honduras donde los ancianos sean respetados y 
cuidados, donde los niños y las niñas se levanten sonriendo, deseando 
crecer para aprender, enseñar, trabajar y amar. Una Honduras pobre, 
seguro, pero con la sociedad más rica del istmo.

Mas no bastan tres o cinco diputados para lograr todo lo anterior 
(por muy valientes que sean). No basta una estructura social de 
resistencia, que ha hecho mucho, organizada para reaccionar ante la 
ofensiva de los poderosos. Debemos crear un instrumento político 
nuevo, progresista, con principios que representen a la mayoría, 
aunque ésta aspiración sea señalada con términos entupidos y huecos 
como "populista" remedo de concepto generado por la minoría 
privilegiada y los conservadores, ahora que el enemigo dejó de ser el 
militar o el progresista. Requerimos de un instrumento político que 
inspire respeto, legitimo, con intención de contradecir todas las 
políticas inhumanas que nos imponen desde el extranjero como 
mecanismos de control, para conspirar contra la democracia 
centroamericana a cambio de dinero, dinero, y más dinero.

Muchos lo piensan: necesitamos un partido surgido de las bases, uno 
que se supedite al partido de occidente, al del sur, al del norte y 
al de oriente. Hay miles de personas capases que podrían dirigirnos 
con honestidad y que, si en la actualidad no colaboran con sus ideas, 
es porque han sido marginados o porque temen ser parte de las 
estructuras corruptas de los partidos tradicionales. Muchos, los 
ciudadanos promedio que no somos líderes ni figuras conocidas, 
(habiendo elección), seríamos número consciente de nuestro valor y 
como sujetos sociales responsables ejerceríamos nuestro derecho 
político en beneficio del Pueblo y, en consecuencia, en beneficio del 
Estado de Honduras.

manuel   



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