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Re: Honduras que pinta




Suazomanía

César Indiano

Más de cien radio emisoras y un número incontable de revistas y 
periódicos pueden conseguir que una mentira se convierta en verdad. Y 
aunque el traslado del jugador hondureño David Suazo del Cagliari a 
las filas de Interacciónale de Milán, fue una simple cuestión de 
trámite entre clubes y para la prensa italiana la fugaz portada de un 
día, no ha ocurrido lo mismo con la ávida y devoradora prensa 
deportiva hondureña. Pues la campaña mediática para seguir las 
huellas de un jugador regular en los escenarios europeos se ha 
fundamentado - como siempre - en la exageración sin cuartel. Desde su 
inestable militancia en el Cagliari el jugador David Suazo fue un 
futbolista de chispazos y aunque la prensa hondureña quiera inventar 
otro cuento, nuestro paisano jamás ha sido la estrella rutilar que 
todos quieren ver en el limbo de las ilusiones deportivas. Mientras 
figuró en la delantera del Cagliari jamás rebasó el nivel de un 
rendimiento aceptable, pero hoy, cuando los oleajes del destino lo 
han situado entre una camada de súper delanteros de la estirpe de 
Ibrahimovic, Julio Cruz, Luis Figo y Hernán Crespo, nuestro 
compatriota ha comenzado a ver cara a cara el rostro del diablo. Eso 
nos sucede a cada rato no sólo a los futbolistas sino también a los 
políticos, a los empresarios y a los artistas. En Honduras creemos 
que "la miel es de choto" y como nunca nos tomamos la píldora de la 
ubicación, terminamos en la mayoría de las veces, enredados en las 
telarañas de las mismas presunciones patrioteras. ¿Quién inventó la 
suazomanía? La suazomanía se inventó en los laboratorios de las salas 
de redacción y en las cabinas de radio. ¿En qué consiste la 
suazomanía? Consiste en echarle miles de condimentos a una mentira 
para que se mantenga el mayor tiempo posible en los andamiajes de las 
ilusiones mediáticas. Pero la verdad, por muy inconveniente que sea, 
debe ser dicha. Con el respeto que se merecen tanto nuestro 
compatriota David Suazo como el eximio presidente del Congreso 
Nacional: ¡Ya basta de chuparnos el dedo!... Ni es verdad que Suazo 
se ha destacado en el Inter., Ni es verdad que ha puesto el nombre de 
nuestro país en alto, ni es cierto que nuestro paisano ha tenido una 
carrera impecable y brillante. Futbolísticamente hablando el buen 
David hace tres cosas cada vez que recibe el balón: se cae, la bota o 
la equivoca. Tres vicios típicos del balompié hondureño y que 
provienen según el maestro de turno - el señor Rueda - de la "sobre 
carga de emotividad" que caracteriza los deportes hondureños (cuyos 
ecos más resonantes se reproducen en una prensa simplista). Yo creo 
que la exageración emocional de una actividad deportiva - que abarca 
lo periodístico -  proviene de no combinarla con otras cosas y Suazo 
es el ejemplo mejor pagado. Según nuestro compatriota, para destacar 
en los reñidos espacios de la alta competitividad futbolística, basta 
con enfundarse una camisola de prestigio y correr de aquí para allá y 
de allá para acá en busca de ese golito que lo libere de culpas. En 
casi diez años de carrera - incluyendo aquellos días gloriosos cuando 
era titular en la Liga Bancaria - el buen Suazo no ha comprendido que 
el buen fútbol no exige ni siquiera pequeñas cuotas de 
exhibicionismo, que el buen fútbol no es una casual hazaña individual 
y que el buen fútbol no es tampoco una competencia con los compañeros 
de club. Es simplemente y llanamente el arte de pasarla con ingenio y 
de sorprender a los contrarios. Pero el ingenio y la capacidad de 
sorprender no se cultiva en los "posters" y primeras planas de la 
prensa ni se adquiere en los absurdos homenajes de un opaco Congreso 
Nacional que sabe de fútbol lo mismo que sabe un sastre de 
astronomía.  La semana pasada, el mítico Primitivo Maradiaga comentó 
"ven a Suazo como un extraterrestre" pero yo creo que "El Primi" se 
quedó corto, yo creo que ven a Suazo como un Dios. En todo caso un 
Dios en apuros, un Dios que ha perdido la facultad de hacer milagros 
o que intenta hacerlos en un mundo cada vez más atiborrado de ateos. 
Un Dios que sólo tiene creyentes en aquellas canchas donde el fútbol 
depende al cien por cien de las supersticiones y de las velitas que 
la afición le enciende a la Virgencita de Suyapa. Y siempre pasa lo 
mismo, el fracaso nos aplasta y las tristes velitas se quedan 
encendidas en los altares... ¡ilusionados, eternamente ilusionados!