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Pagar el Precio - Documento sobre ODM
Resúmen en Español del documento sobre ODM "Paying the price"
proporcionado por Oxfam International.
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PAGAR EL PRECIO
Por qué los países ricos deben invertir ahora en una guerra contra la
pobreza.
Los avances para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio se
han quedado muy lejos de las promesas hechas en el año 2000. Al ritmo
actual, es claro que todos -excepto uno- van a fracasar. Y el coste
del fracaso va a ser alto: de aquí al año 2015 morirán 45 millones
más de niños y niñas de los que hubieran muerto si el mundo hubiera
logrado el objetivo de reducir la mortalidad infantil a la mitad. El
tiempo para actuar se está agotando. 2005 ofrece a los países ricos
una oportunidad histórica para hacer realidad sus promesas de
financiar los Objetivos, y esas promesas son fácilmente asumibles. En
2005, el ?Llamamiento Global a la Acción contra la Pobreza? dirá a
los líderes mundiales que esta injusticia no es inevitable: pueden
hacer que la pobreza pase a la historia, si actúan ahora.
Resumen
?Somos la primera generación que puede mirar de frente a la pobreza
extrema y decir: tenemos el dinero, tenemos las medicinas, tenemos
los conocimientos. ¿Tenemos la voluntad para hacer que la pobreza
pase a la historia?? Bono, septiembre de 2004.
En 2005, los líderes de los países ricos tienen la oportunidad de
sacar a millones de personas de la pobreza. En la Cumbre del G8, en
la Sesión Especial de NN UU sobre los Objetivos de Desarrollo del
Milenio (ODM) y en la Conferencia Ministerial de la Organización
Mundial del Comercio (OMC), se discutirá sobre las reglas del
comercio internacional, la ayuda al desarrollo y la deuda
insostenible de los países pobres, todas ellas cuestiones clave para
el futuro de las personas más pobres del mundo. Pero ¿irán los
líderes mundiales más allá de su retórica? En el año 2000, los países
ricos se comprometieron a cumplir su parte para asegurar el logro de
los ODM, pero sus promesas permanecen incumplidas. Ahora,
transcurridos ya cinco años, deben garantizar que esta nueva ronda de
cumbres internacionales se convierte en una plataforma para la
acción.
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio, definidos sobre la base de
que son realistas y se pueden lograr, suponen el compromiso de los
líderes mundiales de reducir a la mitad la pobreza y el hambre,
proporcionar educación para todos, mejorar los estándares de salud,
detener el avance de las principales enfermedades como el VIH/SIDA y
frenar la degradación ambiental para el año 2015.
Un elemento crucial de estos objetivos es que los países más pobres
dispondrán de la financiación necesaria para alcanzarlos. Para ello,
los países ricos han prometido proporcionar una parte muy pequeña de
su riqueza ?sólo el 0?7% de su renta nacional? y mejorar la ayuda de
forma que esté más orientada a la reducción de la pobreza, así como
acabar con la carga de la deuda, que supone que los países de ingreso
bajo deben pagar 100 millones de dólares al día a sus acreedores.
Para los países donantes, garantizar estos fondos no es un simple
acto de caridad: es una obligación moral y una cuestión de justicia,
fruto del deber colectivo de garantizar los derechos de todos los
ciudadanos y de la responsabilidad de los países ricos de reconocer
su papel en la generación de la crisis de la deuda que sigue ahogando
las esperanzas de los países pobres. Si no cumplen con estas
obligaciones, los países ricos también sufrirán las consecuencias,
puesto que la pobreza mundial es una amenaza para la prosperidad y la
seguridad de toda la comunidad internacional.
El tiempo para pasar a la acción y lograr los ODM se está agotando,
hasta ahora los avances han sido imperdonablemente lentos. Tan sólo
un objetivo ?reducir la pobreza a la mitad? tiene alguna posibilidad
de alcanzarse, y ello gracias a los avances en apenas un puñado de
países. El primer objetivo, la escolarización en enseñanza primaria y
secundaria de todas las niñas en 2005, claramente no se va a cumplir.
El precio de este fracaso lo van a pagar las personas más pobres. Si
el mundo es incapaz de actuar para lograr ni tan siquiera estos
objetivos de mínimos y se permite que continúen las tendencias
actuales:
? De aquí al año 2015 morirán 45 millones más de niños y niñas.
? En 2015, habrá 247 millones más de personas viviendo con menos de
un dólar al día en África subsahariana.
? En 2015, habrá 97 millones más de niños y niñas que estarán todavía
fuera de la escuela.
? Habrá 53 millones más de personas en todo el mundo que carecerán de
instalaciones adecuadas de saneamiento.
Hacer frente a la pobreza mundial requiere algo más que dinero: las
expectativas de los países pobres se ven también socavadas por las
injustas reglas del comercio internacional, las violentas
consecuencias del comercio de armas o el impacto del cambio
climático. Los gobiernos de los países pobres también deben cumplir
sus compromisos en la lucha contra la pobreza, pero sin financiación
no serán capaces de beneficiarse del comercio mundial y de las
oportunidades de inversión, o de proteger los derechos básicos de sus
ciudadanos a la vida, la salud y la educación.
Las cantidades que los países ricos invierten en la reducción de la
pobreza mundial son vergonzosamente pequeñas. Con una media de 80
dólares por persona y año, la cantidad equivale al precio de una taza
de café a la semana. Es más, cuanto más ricos han llegado a ser estos
países, menos dedican a la ayuda. En la actualidad destinan,
proporcionalmente a su renta, la mitad que en los años 60. En 1960-65
gastaban como media el 0?48% de su renta nacional combinada en ayuda.
En 1980-85 sólo el 0?34%. En 2003, la media había caído al 0?24%.
No es de extrañar por tanto que programas vitales para la reducción
de la pobreza estén fracasando por falta de financiación. Camboya y
Tanzania, que se encuentran entre los países más pobres del mundo,
necesitan al menos el doble de la financiación externa que reciben en
la actualidad, para alcanzar sus objetivos de reducción de la
pobreza. Iniciativas globales para ayudar a los países pobres a
conseguir la educación universal y combatir el VIH/SIDA están
necesitadas de fondos. A pesar de que las tasas de infección por VIH
están aumentando en África subsahariana, el Fondo Global para
combatir el SIDA, la tuberculosis y la malaria sólo tiene garantizada
la cuarta parte de los fondos que necesita para 2005. Y los países
pobres siguen pagando más a sus acreedores de lo que gastan en
servicios públicos esenciales. En 2003 los países de renta baja
pagaron 39.000 millones de dólares como servicio de la deuda,
mientras que sólo recibieron 27.000 millones como ayuda. Como
consecuencia, países como Zambia gastan más en el servicio de la
deuda que en educación.
El precio es bajo
Cumplir el objetivo de NN UU de destinar a la ayuda el 0?7% de la
renta nacional ?un objetivo establecido en 1970? generaría 120.000
millones de dólares, suficiente para lograr los ODM y otros objetivos
vitales para reducir la pobreza. Sin embargo, sólo cinco de los 22
principales donantes ?ninguno de los siete países más poderosos (el
G7) ? cumplen este objetivo. Durante el pasado año, el Reino Unido y
España se han marcado un calendario firme para alcanzar el objetivo
del 0?7. Pero 11 donantes no tienen todavía un calendario para
lograrlo, y muchos parecen no tener prisa: con la tendencia actual de
gasto, Canadá no alcanzará el objetivo hasta 2025, Estados Unidos no
lo hará hasta 2040 y Alemania no llegará a él antes de 2087.
Los países ricos pueden afrontar con facilidad las necesidades de
ayuda y de alivio de la deuda. Destinar el 0?7% de su renta nacional
a la ayuda equivale a tan sólo la quinta parte de su gasto en defensa
y la mitad de lo que destinan a subsidios agrarios en sus países.
Estados Unidos (con sólo el 0?14%, el donante menos generoso en
términos del porcentaje de su renta nacional que destina a la ayuda)
está gastando en la guerra de Iraq más del doble de lo que le
supondría aumentar su presupuesto de ayuda hasta el 0?7%, y seis
veces más en su programa militar.
Tampoco resulta muy elevado el 0?7 cuando se compara con las
prioridades de los consumidores a escala mundial, que gastan 33.000
millones de dólares cada año en cosméticos y perfumes, una cifra
significativamente superior a los 20.000-25.000 millones de dólares
necesarios para que África alcance los ODM.
Cancelar la deuda de 32 de los países más pobres también supondría un
cambio pequeño para las naciones ricas. El coste para los países más
ricos ascendería a 1.800 millones de dólares anuales durante los
próximos 10 años, o como media 2?10 dólares al año por cada uno de
sus ciudadanos. Si Italia y Estados Unidos pagaran la parte que les
corresponde, les costaría 1?20 dólares al año a cada uno de sus
ciudadanos. Mientras tanto, el FMI mantiene la tercera mayor reserva
de oro del mundo, una reserva que ni se necesita ni se usa en su
totalidad. La revalorización o venta del oro permitiría obtener más
de 30.000 millones de dólares, más de lo que se necesitaría para
cancelar las deudas pendientes con el FMI y el Banco Mundial de todos
los países elegibles para el alivio de la deuda bajo la Iniciativa
para los Países Pobres Altamente Endeudados (HIPC).
La ayuda funciona ?
Millones de niños y niñas van a la escuela en Tanzania, Uganda,
Kenia, Malawi y Zambia gracias a dinero proporcionado por el alivio
de la deuda y por la ayuda. Por la misma razón, los ugandeses ya no
tienen que pagar la atención sanitaria básica, una política que ha
tenido como resultado un aumento del 50% al 100% de la atención
sanitaria en las clínicas de Uganda y ha doblado la tasa de
inmunizaciones. En Etiopía, la construcción de carreteras con dinero
de la ayuda ha supuesto que los campesinos puedan llegar con más
facilidad a los mercados nacionales e internacionales para vender sus
cosechas, mientras que los niños de las áreas rurales pueden
desplazarse a las escuelas con mayor facilidad y la gente puede
llegar más rápidamente a los hospitales, lo que a menudo es un factor
crítico que afecta a las tasas de mortalidad materno infantil. En
Bolivia, el apoyo económico a las poblaciones indígenas ha aumentado
su capacidad de incidencia política, en particular cuando se apoya a
los grupos de mujeres para que controlen la aplicación por parte de
los gobiernos locales de políticas para promover la igualdad entre
mujeres y hombres. Demandas clave como la protección frente a la
violencia sexual y la mejora de los estándares de salud reproductiva
están incluidas ahora en los planes de los gobiernos locales.
La historia también muestra que la ayuda ha sido vital para erradicar
enfermedades a escala mundial. Desde finales de los 60 se destinaron
más de 100 millones de dólares a erradicar la viruela, un objetivo
que se consiguió en todo el mundo en 1980.
La ayuda ha sido esencial para la reconstrucción de países devastados
por la guerra. En Mozambique, el apoyo económico de agencias de NN
UU, donantes bilaterales y ONG facilitó un proceso de reconciliación
nacional, con la repatriación pacífica de cerca de dos millones de
refugiados, el desarme de 96.000 antiguos soldados y la limpieza de
campos minados.
Los países que ahora se consideran ?desarrollados? no disfrutarían de
su actual nivel de vida si no hubiera sido por la ayuda. Después de
la Segunda Guerra Mundial, 16 naciones de Europa occidental se
beneficiaron de donaciones de Estados Unidos por un valor superior a
75.000 millones de dólares actuales, donaciones que sostuvieron su
recuperación económica y por lo tanto hicieron posible la paz y la
prosperidad de nuestros días. La ayuda de Estados Unidos también
financió la educación generalizada y la importación de bienes
esenciales en Corea del Sur y Taiwán, sentando las bases de su rápido
crecimiento, mientras que los Fondos Estructurales de la Unión
Europea han apoyado el crecimiento de España y de otros países del
sur de Europa.
Sin embargo, los países más pobres ?incluso aquellos donde se ha
mostrado que la ayuda puede ser utilizada de forma productiva?
todavía están esperando que les llegue la ayuda necesaria. Mientras
tanto, marginados de la economía mundial, su acceso a otras formas de
financiación externa es limitado. En un futuro previsible, la ayuda
será y debe ser el medio para compensar la falta de financiación
disponible para los países y comunidades más pobres. La ayuda tiene
además ventajas intrínsecas: bien gestionada, se puede dirigir a
aquellas comunidades que más lo necesitan, de una manera estable y
predecible que conduzca a inversiones a largo plazo en atención
sanitaria, educación, agua potable, saneamiento y otras
infraestructuras esenciales.
? y podría funcionar aún mejor
Sin embargo, los países donantes deben hacer que la ayuda funcione
mejor si se quiere reducir la pobreza de forma significativa. Los
aumentos en los presupuestos de ayuda deben ir de la mano de mejoras
en la forma en que esta se distribuye.
Cuando la concesión de las ayudas se politiza, los pobres salen
perjudicados. Sin embargo, muchas prioridades de los donantes vienen
todavía determinadas por sus propios intereses estratégicos. Dos de
los principales receptores de ayuda de Francia ?la Polinesia francesa
y Nueva Caledonia? y uno de los principales receptores de ayuda de EE
UU ?Israel? son países de renta alta. La ?guerra contra el terror?
amenaza con alejar la ayuda de aquellos que más la necesitan. La
ayuda se está usando de nuevo como un arma política, como se observa
en el hecho de que la tercera parte de su incremento en 2002 resulta
de grandes asignaciones a Afganistán y Pakistán. Y sus objetivos se
están redefiniendo para ajustarse a la nueva agenda
de seguridad: en Dinamarca, Japón y Australia ?combatir el
terrorismo? es ahora un objetivo explícito de los programas oficiales
de ayuda.
Con demasiada frecuencia los intereses nacionales toman la delantera:
casi el 30% de la ayuda del G7 está ligada a la compra de bienes y
servicios del país donante. Se trata de una práctica altamente
ineficiente, pero ampliamente utilizada por Italia y por EE UU. A
pesar de los acuerdos de los donantes de desligar la ayuda destinada
a los países más pobres, sólo seis de los 22 donantes principales lo
han hecho por completo o casi por completo
La carga de la gestión y la incertidumbre del reparto de la ayuda que
generan muchos donantes debilita la efectividad de los gobiernos a
los que se pretende apoyar. En Tanzania, en 2002-03 el gobierno
recibió 275 visitas de donantes -sólo del Banco Mundial 123- que
requieren una demanda importante de tiempo para un personal con
escasa formación. Una investigación sobre las prácticas de los
donantes llevada a cabo por Oxfam Internacional en 2004 en 11 países
en desarrollo se encontró con lo siguiente:
? En el 52% de los casos estudiados, los procedimientos suponen que
los funcionarios tengan que gastar ?demasiado? o ?excesivo? tiempo en
informar a los donantes. El Banco Mundial y EE UU fueron mencionados
como los peores donantes según este criterio.
? Los gobiernos de los países en desarrollo deben habituarse a los
retrasos. Sólo en uno de cada tres casos la ayuda llega a tiempo. El
peor puesto lo ocupa la Comisión Europea, de cuya ayuda una quinta
parte llega con más de un año de retraso.
? Hoy puede haber ayuda, pero mañana puede haber desaparecido. En el
70% de los casos, los donantes comprometen su ayuda por tres años o
menos, a pesar de que para garantizar toda la educación primaria a
una generación de niños y niñas se necesitaría financiación durante
seis años.
Los problemas administrativos se agravan cuando los donantes
acompañan su financiación de un gran número de detalladas
condiciones. Por ejemplo, el análisis de las condiciones de los
préstamos del Banco Mundial realizado por Oxfam Internacional,
encontró que el Banco requiere de gobiernos de países como Etiopía la
aplicación de unas 80 reformas políticas cada año. Tanzania se ve
forzada por los donantes a aplicar hasta 78 reformas políticas en un
año. Esta práctica socava la capacidad de los países de decidir el
curso de sus propias reformas, y hace menos probable que el dinero de
la ayuda apoye reformas sostenibles, adaptadas a las circunstancias
locales. Tales condiciones rara vez se basan en evaluaciones
independientes de su impacto sobre la gente que vive en la pobreza.
En Malawi, por ejemplo, donde los donantes encargaron un análisis
sobre la privatización de los sistemas públicos de comercialización
de productos agrarios justo cuando el país estaba sufriendo una
crisis alimentaria, los resultados se ocultaron durante dos años.
Así, la recomendación del estudio de retrasar la privatización hasta
disponer de las regulaciones necesarias para proteger a los más
pobres, fue ignorada en las condiciones vinculadas a nuevos préstamos
del Banco Mundial.
Los países ricos y los donantes multilaterales se han comprometido a
cambiar estas prácticas. En 2003 firmaron la Declaración de Roma,
donde queda clara su intención de reformar la manera de gestionar la
ayuda. Algunos han hecho avances, sobre todo colaborando para
destinar fondos de manera conjunta a sectores ministeriales o al
Erario público; pero otros se han quedado atrás, tal y como ha
mostrado el estudio de Oxfam Internacional. Mientras que los donantes
se apresuran a pedir cuentas a los gobiernos sobre el uso que hacen
de la ayuda, se ha hecho hasta ahora bien poco para pedir cuentas a
los propios donantes de su gestión de la ayuda. Iniciativas como una
evaluación independiente o la revisión de las prácticas de los
donantes por parte de los gobiernos receptores se dan ad hoc y de
manera voluntaria.
Asegurar que los gobiernos del Sur generan desarrollo
Los países en desarrollo, al igual que los donantes, tienen una parte
de responsabilidad en el logro de los ODM. Los gobiernos con un buen
funcionamiento y orientados a combatir la pobreza son los que pueden
hacer un mejor uso de la ayuda. Esto significa combatir la
corrupción, construir sectores públicos fuertes obligados a rendir
cuentas y con el personal necesario para proporcionar los servicios
básicos, y asegurar que los parlamentos, la sociedad
civil y los medios de comunicación pueden controlar el gasto público
y actuar como vigilantes frente a la corrupción.
Se han producido avances sustanciales en el funcionamiento y el
control de muchos gobiernos de países pobres. La democracia se está
asentando en África subsahariana, por ejemplo, donde durante la
última década se han producido elecciones en 44 de los 50 países, al
tiempo que se están estableciendo televisiones y radios
independientes a lo largo del continente. Los grupos sociales están
exigiendo responsabilidades a los gobiernos de manera creciente: en
Malawi, controlan si las escuelas reciben los libros de texto y las
tizas prometidos en los presupuestos gubernamentales, e informan de
los resultados a los medios de comunicación y al parlamento.
Pero obviamente en muchos países queda un largo camino por recorrer:
los gobiernos de los países en desarrollo, por ejemplo, deben
incrementar el dinero que destinan a los servicios sociales básicos,
en línea con la recomendación de NN UU de que se dedique al menos el
20% de su presupuesto a estos sectores. Se debe abolir la práctica de
cobrar a los usuarios la educación básica y la atención sanitaria.
Los donantes tienen un papel que jugar para que se avance en todos
estos aspectos. Esto incluye no ignorar la corrupción, sino
afrontarla invirtiendo en un sector público fuerte y eficiente y
retirando los incentivos generales ?paraísos fiscales y regulaciones
débiles? que permiten que la corrupción florezca. Crear estructuras
dirigidas por los donantes al margen de los gobiernos o evitar de
manera conjunta ciertos países, puede ser contraproducente y servir
sólo para debilitarlos aún más. Con estas estrategias se corre el
riesgo de alejar el dinero de quienes más lo necesitan en la
comunidad internacional.
En 2005, Oxfam Internacional formará parte de la coalición
?Llamamiento Global a la Acción contra la Pobreza?, cuyo objetivo es
lograr que la pobreza pase a la historia. Este llamamiento une a una
gran variedad de grupos del Sur y del Norte, incluyendo redes de la
sociedad civil nacionales y locales, sindicatos, comunidades
religiosas y organizaciones internacionales. Es la oportunidad para
que millones de personas digan a los líderes mundiales que la pobreza
es una injusticia y que no es inevitable.
Este informe es parte del llamamiento a la acción que Oxfam
Internacional hace en 2005. Sus principales recomendaciones con
relación a la ayuda y la deuda son las siguientes:
Todos los donantes miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD)
de la OCDE deben adoptar las siguientes medidas.
Aumentar la financiación para la reducción de la pobreza:
? Cancelar el 100% de la deuda de los países más pobres donde el
alivio es necesario para permitirles alcanzar los ODM: tanto la deuda
bilateral, como las deudas con el Banco Mundial y el Banco Africano
de Desarrollo.
? Proporcionar al menos 50.000 millones de dólares adicionales en
ayuda de manera inmediata, y establecer en 2005 calendarios
obligatorios para asegurar que el objetivo de destinar a la ayuda el
0?7% de la renta nacional es alcanzado por todos los países donantes
en 2010.
? Apoyar, además, mecanismos innovadores como la Facilidad Financiera
Internacional (IFF) y los impuestos internacionales para asegurar la
financiación inmediata y sostenible del desarrollo.
Hacer que la ayuda sea más efectiva en la reducción de la pobreza:
? Aplicar en su totalidad los compromisos de la Declaración de Roma
para mejorar la gestión de la ayuda y acabar con la ayuda ligada,
incluyendo los tipos de asistencia omitidos en las recomendaciones
del CAD, en concreto la ayuda alimentaria y la Asistencia Técnica.
? Restringir el uso de condicionamientos a las necesidades de
transparencia financiera y a objetivos comúnmente acordados en torno
a la reducción de la pobreza y la equidad de género.
El Banco Mundial y el FMI deben tomar las siguientes medidas.
? Cancelar el 100% de las deudas de los países más pobres donde el
alivio es necesario para permitirles alcanzar los ODM; financiar esta
medida revalorizando las reservas de oro del FMI y utilizando los
recursos que se generen con ello.
? Restringir el uso de condicionamientos a las necesidades de
transparencia financiera y a objetivos comúnmente acordados en torno
a la reducción de la pobreza y la equidad de género.
Los gobiernos de los países en desarrollo deben tomar las siguientes
medidas.
? Demostrar su compromiso con la reducción de la pobreza cumpliendo
la recomendación de NN UU de destinar el 20% del presupuesto público
a los servicios sociales básicos, y dirigir de forma transparente el
dinero para que beneficie a los pobres.
? Institucionalizar, mediante legislación si es necesario, la
participación del parlamento y de la sociedad civil en el diseño y
aplicación de políticas que beneficien a los pobres, garantizando
también los derechos civiles y políticos a elecciones libres y
justas, libertad de expresión y estado de derecho.
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Este documento ha sido proporcionado por OXFAM International.
Pueden encontrar el documento completo "Paying the price" versión en
Ingles en :
http://www.oxfam.org.uk/what_we_do/issues/debt_aid/mdgs_price.htm.
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