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El Síndrome Frankenstein
El Síndrome Frankenstein
Juan Almendares B.
Según Freud coexisten dos pulsiones: Erótica (el amor), y destructiva o fanática (la
muerte), El instinto es un comportamiento fijo y por lo tanto heredado y que aparece en
forma casi idéntica en los individuos de una misma especie; mientras que el concepto
de pulsión se refiere al estado de tensión en cada ser humano, generado por una
excitación externa o interna capaz de producir una carga de energía, cuyo fin es
suprimir dicha tensión generada por un objeto. La pulsión es, por lo tanto, aprendida y
está en relación con la historia del sujeto. La pulsión es un concepto límite entre lo
corporal y lo mental.
Freud distinguió tres categorías en el aparato psíquico: El "yo", el "ello" y el "superyó".
El yo se encuentra ubicado entre ello y el superyó. Es un mediador de los intereses de
la totalidad de la persona; es el polo defensivo de la personalidad. Las pulsiones del
yo son aquellas que están al servicio del yo en un conflicto defensivo, son las que
corresponden a la auto conservación de la vida y se oponen dialécticamente a las
pulsiones sexuales. El hambre es una pulsión de auto conservación. El ello es el
reservorio primario de la energía psíquica; sus contenidos son inconscientes; pueden
ser innatos, adquiridos o reprimidos y entran en conflicto con el yo y el superyó.
Mientras que el superyó es el juez o censor con respecto al yo. Es la conciencia
moral, la auto observación y la formación de ideales.
Existen por lo tanto las pulsiones de la vida y las pulsiones de la muerte. Las
pulsiones de la vida tratan de mantener la cohesión de las partes vivas (unidad de la
vida orgánica) y la reproducción de la especie. Se refieren al "EROS" y comprende las
sexuales y las de auto conservación.
En las sexuales, la energía de transformación es la libido. En latín "libido" significa
deseo o ganas. Según Freíd es una expresión tomada de la teoría de la afectividad.
"Llamamos así a la energía considerada como una magnitud cuantitativa (aunque
actualmente no puede medirse), de las pulsiones que tienen relación con todo aquello
que puede designarse con la palabra amor". Desde el punto de vista dinámico; la
pulsión sexual es un polo necesariamente presente en el conflicto psíquico: Es el
objeto privilegiado de la represión en el inconsciente.
Las pulsiones de la muerte son las opuestas a la vida y tienden a la reducción
completa de las tensiones o a devolver al ser vivo al estado inorgánico. Ejemplos de
estas pulsiones de la muerte: La agresividad, el sadismo, el masoquismo.
La agresividad es el conjunto de tendencias que se manifiesta en conductas reales e
imaginarias, dirigidas a dañar al otro, a destruirlo, contrariarlo o humillarlo. El fin de la
pulsión agresiva es la destrucción del objeto (ya sea persona o cosa).
El sadismo en un sentido amplio se aplica, más allá de lo sexual, como aquel placer o
satisfacción de una persona que va ligada con el sufrimiento o la humillación del otro.
El masoquismo es la satisfacción o placer del auto sufrimiento, o auto castigo, que la
persona se produce o crea contra sí misma.
Como puede apreciarse a través de estos conceptos, la violencia se relaciona con la
conducta agresiva que se manifiesta en el ser humano a través de la vida pero no en
el sentido de instintos, o conductas innatas, sino mediante la interacción social de las
personas y la historia del sujeto.
Eric Fröm, continuador del pensamiento de Freíd, con un enfoque diferente, plantea
dos tendencias en el ser humano: La biofilia y la necrofilia. La primera es: "El amor
apasionado por la vida, por todo lo vivo? Quiere ser más en lugar de tener
más?Quisiera dar forma y hacer valer su influjo mediante el amor, la razón y el
ejemplo -no mediante la violencia, ni desgarrando cosas, ni tratando a los hombres
burocráticamente, como si se tratase de objetos muertos-". La tendencia a la necrofilia
se refiere al interés por la muerte y lo mecánico de la vida.
En una reflexión, refiriéndose a los estadounidenses, Fröm decía: "Sería un error fatal
creer que se podría curar la violencia castigando los delitos con más rigor y velando
más por el orden público. La violencia irracional causada por el aburrimiento y la
desesperanza no se cura ni disminuye con castigos?" Y, más adelante agregaba: "Yo
digo que sólo podremos cortar la tendencia a la destructividad y a la violencia cuando
empecemos a tratar sus causas reales en vez de sus síntomas".
Después de esta introducción a estas dos tendencias o pulsiones del ser humano -la
erótica o fanática o la biofílica versus la necrofílica ante la situación de violencia que se
vive en Honduras y el contexto de la política actual- debemos preguntarnos cuál es la
posición, tanto de los ciudadanos como de los dirigentes y líderes del país. ¿Se está
por la vida o se está por la muerte?.
Las políticas necrofílicas en Honduras, han estado basadas en la corrupción y en la
violencia y robar al Estado es contribuir a la pobreza, la miseria, la enfermedad y la
muerte. Se ha generado un infierno en el que se condena al pueblo a la intolerancia, a
las leyes represivas, al garrote, el fusil, la cárcel, la tortura, la masacre, el genocidio y
ahora al patíbulo, con la pena de muerte.
¿Por qué no se promueven políticas por la vida, la salud, alimentación, educación,
vivienda, bienestar humano, participación y trabajo para la juventud y mejores
condiciones y respeto a los derechos de la mujer?.
En el contexto hondureño se nos presentan los líderes necrofílicos, de los cuales hay
dos tipos: Unos que ofrecen cárcel, grilletes, tortura y el extremo sufrimiento; y otros
que amenazan y promueven volver a la época de las cruentas dictaduras de antaño, el
terror, los grilletes, la tortura, y además promueven la pena de muerte. Ambas
tendencias, por supuesto, son nefastas para la vida misma y para la del pueblo
hondureño.
No obstante, la población ha sido subyugada con estas políticas necrofílicas; mediante
las técnicas de la guerra psicológica, el fundamentalismo y la manipulación mediática.
Los simpatizantes de las tendencias necrofílicas quieren que se mate, tratando los
síntomas del problema, pero ignorando las verdaderas raíces de la violencia, la
corrupción y la falta del amor humano.
Incluso, las víctimas de esta violencia estructural se identifican con los agresores, los
torturadores y los que propugnan métodos necrofílicos. La situación es tal, que
estamos peor que en la década de los años ochenta, o década del terror, puesto que
los admiradores de Pinochet y los creadores de la doctrina de Seguridad Nacional,
promueven la justicia por las propias manos, en este caso, dentro de la más absoluta
impunidad y con el camino allanado para promoverse como héroes nacionales, no
obstante que, según la aplicación de la concepción freudiana, evidentemente carecen
de un superyó desarrollado.
Es necesario que el pueblo tome conciencia de que sólo una política por la vida, la
lucha contra la corrupción y la aplicación de las leyes justas nos dará una verdadera
seguridad integral para todos los hondureños.
La mentira y los inventos fantásticos acerca de los verdaderos responsables de la
violencia nos están conduciendo a un caos interminable y esto se observa cada día
más, cuando se inventan historias o cuentos y no se investiga en forma científica ni
ética la criminalidad. Se llega, incluso, al Síndrome Frankenstein, mediante el cual el
monstruo, que es la violencia, devora a los propios creadores de la violencia. Es
urgente desarrollar políticas por la vida, basadas en la paz, la no violencia, el respeto a
los derechos humanos, la ética y la moral.
Tegucigalpa, M.D.C., enero de 2005.