[Date Prev][Date Next][Thread Prev][Thread Next][Date Index][Thread Index]

Sobre la cuestión indígena y la identidad: necesidad...





Sobre la cuestión indígena y la identidad: necesidad del cambio 
social 

Según se sabe por historia oficial que el proceso de crecimiento 
demográfico peruano de los últimos siglos, junto a las oleadas 
migratorias internas y externas ocurridas desde el periodo colonial 
hasta hoy, han involucrado la coexistencia y amalgama -de hecho- de 
las diversas culturas y etnias de las diferentes regiones del país, 
configurando el singular proceso de mestizaje que nos ha 
caracterizado. Sin embargo, al respecto es de notar la crítica de 
otros investigadores en el sentido que es un análisis genérico -al 
igual que el uso del término mestizaje-, porque se enmascaran las 
complejas relaciones de dominación y sujeción que han existido desde 
el periodo colonial en torno a la cultura occidental y las culturas 
originarias. 

 Desde esta perspectiva, podemos explicar por qué en el Perú de hoy 
aún se mantienen ciertos rasgos de una estructura de pensamiento 
colonial basada en estereotipos y valores predominantes de la cultura 
occidental, que hoy nos son evidentes en medio de las profundas 
desigualdades socioeconómicas y culturales que lamentablemente aún 
persisten en la sociedad peruana, y que además van muy relacionadas 
con la controversia que existe sobre las implicancias del modelo 
económico actual, del crecimiento y distribución del ingreso nacional 
y su incidencia en el desarrollo de las diferentes regiones.1 

 Sobre la cuestión indígena y la identidad 

No obstante hablar sobre lo indígena y la identidad en el Perú actual 
pareciera un tema adjetivo de tratar, tal como creen y sostienen 
importantes analistas, literatos, políticos y ciertos medios de 
comunicación muy influidos por la ola de la modernidad global, 
excepto cuando graves conflictos sociales como los protagonizados 
hace poco por las comunidades nativas del nororiente nos recuerdan su 
existencia. Pero, de otro lado, tampoco creemos resulte un tema de 
discusión y de estudio restrictivo al ámbito de las ciencias 
sociales, porque es cierto implica distintas disciplinas y aristas de 
abordaje.2 

Pero a tenor de lo anterior citamos la interesante reflexión del 
investigador Aníbal Quijano3, respecto a que la cuestión indígena y 
el problema de la identidad en el Perú y Latinoamérica no podrán 
analizarse a profundidad sino se retrotraen a lo que denomina "la 
colonialidad del patrón de poder", en tanto escenario aún vigente en 
América y en especial en América Latina. Porque con la derrota del 
colonialismo español (además del británico y portugués) ocurre lo que 
Quijano caracteriza como "una paradoja histórica específica: es 
decir, la de tener estados independientes articulados a sociedades 
coloniales". En efecto, resulta que a pesar de la compleja y difícil 
historia en la conformación de las nuevas repúblicas independientes 
de Latinoamérica, el caso del Perú, al parecer sus estructuras 
políticas, económicas y sociales actuales, basadas en el concepto 
occidental clásico de estado-nación, han seguido -en esencia- con el 
mismo patrón de dominación colonial europeo impuesto en nuestros 
países desde el siglo XVI. 

Y es que al respecto, como algunos acuciosos estudiosos de la 
realidad peruana han advertido, creemos que la construcción de una 
visión prospectiva país -en el contexto global- nos hace 
imprescindible dilucidar el tema de la cuestión indígena y de la 
identidad. Implicándonos el reto de desarrollar un pensamiento 
crítico sobre las profundas raíces ideológicas que nos devienen de la 
colonia y del patrón de dominación socioeconómico y cultural que lo 
caracterizó. Quizá por eso nos cuesta tanto reconocer las 
implicancias de los conflictos de identidad como nación multicultural 
y multilingüe que padecemos hoy, y que no nos permite aceptarnos y 
valorarnos como tales. 

Es el caso de no pocos peruanos de pensamiento liberal y con mayor 
razón en los de cierta influencia y poder de decisión en las esferas 
del gobierno y del poder político y económico, que parecieran no 
entenderlo como una preocupación fundamental. Por ello el alto costo 
que suele implicar para el estado las soluciones que ensaya -sobre la 
marcha- en torno a los crecientes conflictos y demandas de las 
comunidades campesinas y nativas en defensa de sus culturas, 
territorios y medios de vida (como así lo confirman informes 
recientes de la Defensoría del Pueblo, del Banco Mundial, entre 
otros). 

De comunidades indígenas a comunidades campesinas y nativas: la 
transición forzosa 

Citamos el caso de la problemática de las comunidades campesinas y 
nativas de hoy -antes denominadas comunidades indígenas-, que con no 
pocas dificultades continúan siendo mal comprendidas y asimiladas en 
el marco de la concepción occidental moderna de estado-nación 
peruano, en tanto estado unitario y democrático. Es así que la 
mayoría pretenden ser subsumidas en el idealizado imaginario 
homogéneo de sociedad y cultura nacional que se nos viene imponiendo, 
a pulso de lo que nuestros gobernantes y nosotros -como ciudadanos- 
entendemos por nación, modernidad, democracia y mestizaje, diluyendo 
en el camino el sentido identitario de los diferentes pueblos y 
culturas que habitan el interior del país y que cuentan con propia 
historia, lengua y tradiciones, además de una persistente pobreza 
signada por la inercia e incomprensión del poder de sucesivos 
gobiernos y por cierto de la enorme distancia que suele imponer el 
centralismo limeño. 

Desde el período colonial las poblaciones indígenas peruanas y sus 
formas endógenas de organización social fueron reorganizadas 
(divididas) como comunidades indígenas, para satisfacer los 
requerimientos económicos del régimen de explotación español. 
Después, durante el periodo republicano -con la Constitución Política 
de 1920- el gobierno de ese entonces le otorgó a las poblaciones 
indígenas un tratamiento especial y reconocimiento legal como 
"comunidades indígenas" hasta comienzos de la década del setenta, con 
el proceso de reforma agraria aplicado por la dictadura del gobierno 
militar de Juan Velasco, que finalmente les cambió la denominación de 
comunidades indígenas por su denominación actual: comunidades 
campesinas y nativas, otorgándoles un régimen legal por separado a 
las poblaciones indígenas andinas y amazónicas. 

Posteriormente, sucesivos gobiernos -hasta hoy- han aplicado un 
complejo y no menos confuso tratamiento político y legal a la 
problemática de las comunidades campesinas y nativas, junto al 
marcado centralismo y a la asimétrica relación campo-ciudad que en 
general los ha caracterizado, contribuyendo en su marginación y 
exclusión de las políticas públicas más importantes de desarrollo 
nacional, y con ello diluyendo aún más su sentido identitario como 
pueblos indígenas. 

Los cambios aplicados en la constitución y legislación peruana sobre 
la denominación y reconocimiento del estatus legal y jurídico de las 
comunidades campesinas y nativas, ha significado -en la práctica- el 
recorte sucesivo de derechos ancestrales sobre sus tierras y 
territorios (en tanto derechos precedentes a la existencia del estado 
peruano como tal) y de su régimen de protección de tierras 
(reconocidos en la Constitución de 1933 y la de 1979), y que luego, 
con la Constitución de 1993 -durante el régimen dictatorial de 
Fujimori- sus derechos fueron aun más recortados, restringiéndose el 
carácter de inalienabilidad y libre disponibilidad y uso de sus 
tierras comunales. 

Actualmente otras leyes de espíritu similar se quieren aplicar a las 
comunidades campesinas y nativas, con los hoy cuestionados Decretos 
Legislativos impulsados por el gobierno aprista: DL Nº 1015 ("...que 
unifica los procedimientos de las comunidades campesinas y nativas de 
la sierra y la selva con las de la costa, para mejorar su 
competitividad agropecuaria"); el DL Nº 1073 ("Modifica el literal 
(b) del artículo 10 de la ley 26505, modificado por el artículo único 
del DL 1015") y el DL Nº 1064 ("Aprueba el régimen jurídico para el 
aprovechamiento de las tierras de uso agrario")4, al amparo de las 
facultadas otorgadas por el Congreso de la República en el marco de 
la implementación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Y 
que de no derogarse finalmente en el pleno del Congreso, ante su 
eventual insistencia por el ejecutivo, afectaría en términos 
prácticos más derechos reconocidos de las comunidades campesinas y 
nativas. Incluso los que están amparados por la suscripción de 
convenios internacionales como el Convenio Nº 169 sobre Pueblos 
Indígenas y Tribales en Países Independientes de la OIT, ratificado 
por el estado peruano en 1993, y cuyo carácter vinculante lo obliga a 
su estricto cumplimiento. Por ejemplo, en lo concerniente al proceso 
de consulta y consentimiento libre, previo e informado de las 
comunidades campesinas y nativas en aquellas medidas legislativas o 
administrativas que pudieran afectarlas. 

Recursos naturales, territorios indígenas e identidad 

A pesar de tener más de 10,000 años de historia prehispánica y apenas 
187 años de historia republicana, el Perú de hoy aún no logra 
reconocerse plenamente en el espejo de su gran diversidad cultural y 
étnica, mucho menos integrarse como nación. Porque actualmente se 
sabe que existen cerca de 7,000 comunidades campesinas y nativas 
ocupando importantes extensiones territoriales con notable 
biodiversidad y conservando rasgos muy importantes relativos a su 
cultura e identidad territorial.5 Pero, de otro lado, por décadas 
vienen enfrentando diversas amenazas a sus modos de vida y al 
usufructo tradicional de los recursos naturales en sus territorios. 
Es lo que ocurre en torno a importantes proyectos de inversión en 
exploración y explotación de recursos del subsuelo (minerales, 
petróleo y gas) que son reconocidos propiedad del estado peruano (al 
igual que el aire y las aguas), entre otros. 

La ausencia de un estado planificador y ordenador del territorio, de 
escaso compromiso político concertador con las partes involucradas, 
ocasiona que sus estamentos no operen en función de una visión 
integral de desarrollo sostenible, sino, al contrario, que operen en 
función de una visión sectorial, priorizando la inversión privada 
desde el interés del gran capital y de la óptica económico-comercial 
de corto plazo, sin incorporar y ponderar otros criterios de 
sostenibilidad social y ambiental de largo plazo.6 Esta es quizá una 
de las principales causas de origen del desencuentro permanente entre 
las visiones políticas y prioridades de desarrollo e inversión del 
estado y los sectores productivos (minería, industria, agricultura, 
pesca, etc.) con respecto a la cosmovisión, expectativas y demandas 
de desarrollo de las comunidades. 

En este desigual contexto de desarrollo nacional han venido 
coexistiendo numerosos grupos humanos con culturas y visiones 
diferentes. De ahí que los investigadores sociales sostienen debemos 
entenderlo como un complejo proceso de transformaciones sociales y 
culturales, en tanto escenario -de hecho- en la manifestación de 
diversidad cultural e interculturalidad. Pero, no obstante, que la 
manifestación de las influencias culturales mutuas que han ocurrido, 
ciertamente no han sido de manera armoniosa y dialogada, sino, al 
contrario, marcadas por profundas desigualdades a lo largo de la 
historia.7 

Necesidad del cambio social 

En torno al tema diferentes organizaciones sociales y entidades de 
desarrollo, sectores académicos y políticos progresistas y de la 
sociedad civil han venido planteando una serie de demandas y 
propuestas importantes para impulsar un conjunto de reformas del 
estado peruano. Redireccionar su rol y relación como estado-sociedad, 
y en ello reevaluar los alcances del modelo económico, el contexto 
multicultural y la visión prospectiva nacional integral de desarrollo 
con inclusión: en concreto respecto a la problemática de las 
poblaciones indígenas de las regiones más pobres y excluidas del 
país.8 

En el proceso las organizaciones indígenas han venido cumpliendo un 
rol cada vez más activo y protagónico, aunque no obstante como 
respuesta principal a los impactos socioambientales producidos por 
proyectos extractivos de recursos naturales en sus territorios, antes 
que por iniciativas dialogadas de política nacional o plataformas 
comunes con propuestas inclusivas de una visión alternativa de 
desarrollo país. Lo cierto es que el proceso es largo y bastante 
complejo, porque se percibe la enorme distancia en las visiones de 
desarrollo país que aún persisten en nuestra sociedad y en la clase 
política y gobernante, incapaz de entender y atender con 
responsabilidad social las demandas y expectativas de desarrollo de 
los pueblos indígenas. 

Así pues que los indígenas emplacen hoy en día al estado por la 
defensa de sus derechos humanos es visto -como ayer- con mucha 
desconfianza, distancia e incluso con cierta arrogancia por los 
funcionarios del gobierno central (varios de ellos con acentuadas 
raíces andinas y amazónicas). Distancia y desconfianza -por cierto- 
que también manifiestan por su lado las poblaciones indígenas, porque 
es evidente no se sienten representadas ni mucho menos entendidas y 
atendidas. En tal sentido es imperiosa la necesidad de un cambio en 
la postura del gobierno para promover la convergencia de un mayor 
debate político y diálogo plural, así como de la vigilancia social de 
las distintas organizaciones involucradas -a nivel nacional e 
internacional- en torno a las iniciativas y propuestas que al 
respecto se han presentado en los últimos años.

Revertir la situación de pobreza y exclusión de las comunidades 
campesinas y nativas, y en ello dilucidar lo relativo a cómo 
entendemos hoy la cuestión indígena y el problema de la identidad en 
el Perú del siglo XXI, involucrará una profunda revisión y 
reorientación del rol y función que históricamente ha cumplido el 
estado peruano como tal y en ello su enfoque de desarrollo, en tanto 
nación multicultural y multilingüe. Sólo en esa medida será posible 
recuperar, armonizar e integrar la visión y aspiración de desarrollo 
endógeno y plural de los diversos pueblos y culturas del interior con 
una visión prospectiva y moderna de desarrollo nacional en el nuevo 
contexto global. 

Walter Chamochumbi

Mag. Ing. Agrónomo, Consultor en Gestión Ambiental y Desarrollo

Walter_chch@yahoo.es

1_1 Ver "Breve panorama de las comunidades indígenas en el Perú, 
contexto y perspectivas de desarrollo endógeno: una aproximación de 
caso", de Walter Chamochumbi, 2006, Lima, 10 p. 

2 "El problema de la identidad no se puede estudiar desde una 
perspectiva estricta. Es que participan muchos elementos, hay muchas 
partes que integran la identidad, tanto lo personal como lo étnico. 
Hay que tomar en cuenta la presencia del mito, de la naturaleza, como 
de los problemas económicos. No hay un solo concepto, es muy 
complejo", cita de Francisco Amezcua Pérez, Profesor del Instituto 
Nacional de Antropología e Historia (ENAH), México. Entrevista Diario 
La Primera, de Lima, 17/08/08. 


3 Ver"El movimiento indígena y las cuestiones pendientes en América 
Latina", de Quijano, Aníbal (2004)...Publicado en Portugués, en 
POLITICA EXTERNA, vol 12, No. 4, marzo-Abril-Mayo 2004, pp. 77-97, 
Instituto de Estudios Internacionales, Universidad de Sao Paulo, Sao 
Paulo, Brasil.

4 Ver Suplemento Especial "Valorando nuestra diversidad", editada por 
AIDESEP-CAOI-CONACAMI, 10 de agosto de 2008, p. 7. 

5 En el Perú existen 72 pueblos originarios, de los cuales 7 se 
ubican en la región andina y 65 en la región amazónica. Además se 
estima que la población indígena peruana comprende de 30 a 40% del 
total nacional (cerca de 9 millones de indígenas de un total de 28 
millones de habitantes), cita en artículo de Walter Chamochumbi, 
2006, Ibíd. 

6 Es recomendable partir de una línea base de referencia para ensayar 
criterios de zonificación ecológica económica en la planificación de 
uso de los recursos naturales, aplicar el principio de consentimiento 
libre, previo e informado de las comunidades campesinas y nativas, y 
así evitar o reducir la alta tasa de conflictos socioambientales que 
se viene registrando actualmente. Ver "La maldición de los recursos 
naturales en el Perú: alcances de una hipótesis controversial", 
artículo de Walter Chamochumbi, publicado en Sociedad y Ambiente 
(http://www.EcoPortal.net), 2007. 

7 Ver"Interculturalidad y educación en el Perú", de Zúñiga, C., 
Madeleine y Ansión, M., Juan (1997)...Publicado por Foro Educativo, 
Lima.

8 Se estima que 77% de las comunidades indígenas se ubican en los 
departamentos más pobres del país (principalmente en Huanuco, Cuzco, 
Huancavelica, Cajamarca, Apurímac, Ayacucho, Puno, Loreto y Amazonas) 
y que en su mayoría constituye población indígena que vive en 
situación de pobreza y pobreza extrema, presentando una serie de 
carencias en servicios básicos (agua, desagüe, salud, educación, 
etc.). Por otra parte, es importante señalar que durante las décadas 
80 y 90, la población indígena fue particularmente impactada por 
distintos episodios internos de violencia política y armada. Esto 
significó -según el informe de la Comisión de la Verdad y la 
Reconciliación- la pérdida aproximada de 69,000 vidas (de las cuales 
un 75% correspondió a población indígena, principalmente Quechua y 
Asháninka).

http://alainet.org/active/25945&lang=es