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Tolupanes retornan al peligro




Tolupanes retornan al peligro

** Cuando llueve, tienen que salir corriendo porque viven en casas 
con techos agujereados

Texto: Erlin Cruz 
Foto: Omar Banegas
 
MARALE, Francisco Morazán.- A un año de ser afectados por los sismos, 
cientos de indígenas siguen viviendo en la intemperie porque sus 
casas destruidas no han sido reconstruidas.

La incertidumbre, la desesperanza y las enfermedades, se han 
apoderado de unas 100 familias de al menos cuatro comunidades de las 
profundidades de las montañas porque han quedado desprotegidas por 
las autoridades.

El 15 de septiembre de 2007, las comunidades de Playa Grande, La 
Libertad, San Miguel y Laguna Seca de esa jurisdicción, fueron 
severamente golpeadas por un movimiento sísmico de 5.3 grados en la 
escala de Richter, que derrumbó más de una docena de casas de 
bahareque.

Después de la desgracias, los pobladores que pertenecen a la tribu 
Tolupán recibieron ayuda momentánea, reubicándolos en albergues, y 
cientos de promesas urgentes de asistirlos con viviendas y demás 
necesidades básicas, pero siguen viviendo una pesadilla.

Estos hondureños cansados de esperar que les reconstruyeran sus 
casas, debieron regresar a sus antiguos moradas y construir a la par 
una peor que las que tenían.

 
Este terreno cuesta 100 mil lempiras pero los indígenas lo rechazaron 
porque está ubicado en una parte de riesgo. 
Francisca Catalina  Martínez es una de las tantas infortunadas que, 
después de haber perdido su casa, debió acomodarse en una de 
bahareque, donde se moja con sus cuatro hijos.

"Me prestaron esta casa  pero nos estamos mojando con mis hijos cada 
vez que llueve, porque la mía se destruyó el año pasado cuando 
ocurrieron los temblores", relató la Martínez.

Después  de una pertinaz lluvia, la humilde mujer y sus hijos 
salieron corriendo de "su casa" con un paraguas destemplado para 
donde una vecina.

Media hora después que mermó la lluvia "chica", como le dicen las 
vecinas, regresó a ver si su ropa que tenía guardada en unas cajas 
viejas se había mojado y se encontró, como siempre, que estaban 
empapadas.

"Ese fuego donde cocino a cada rato tengo que estarlo haciendo porque 
le cae agua y se deshace, y cuando le pongo unos pedazos de plástico 
es que medio lo salvo", agregó.

Un perro que tiene también sale corriendo tras ella cuando comienzan 
a caer las primeras gotas.

Francisca Martínez tiene que salir huyendo de su vivienda cuando 
llueve.  

"Estos cipotes, a pesar que ya están grandes, el mayor tiene 13 años, 
pasan enfermos porque el suelo queda mojado después de esos 
aguaceros, uno de los niños en estos momentos está con calentura 
porque la lluvia le hace daños", lamentó.

Mientras LA TRIBUNA dialogaba con la maraleña, las vecinas que 
estaban frente a su casa, gritaban: "Ayúdenle a esa pobre mujer".

Deploró que no tiene a otro lugar a donde ir. "Esta casa es de mi 
cuñada que se fue para Yoro y me dijo que aquí viviera, mientras 
podía construir otra o tal vez llegaba la ayuda que nos prometieron".

Con la cabeza hacia abajo, la sufrida madre expresó que "desde que 
ocurrieron los temblores el año pasado me he visto en esta situación, 
que ya no hallo para dónde coger, pero ojalá que con la ayuda de 
ustedes alguien quiera ayudarme".

http://www.latribuna.hn/news/45/ARTICLE/42965/2008-09-08.html