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AMAZONIA: UNA SEÑAL DE ESPERANZA



Pablo Cingolani <pablocingolani@yahoo.com.ar> wrote: 
    Amazonía: una señal de esperanza
    
    
    Pablo Cingolani
    
    Como todos los años, la mayor parte del territorio amazónico 
    boliviano se encuentra inundado. 
    Llueve en la Amazonía y llueve en las cabeceras andinas de los ríos. 
    Estos bajan arrasando, arrastrando toneladas de sedimentos, árboles 
    enteros, buses, personas y llevándose todo: casas, caminos, puentes, 
    hacienda, bienes. 
    La ciudad más poblada de la Amazonía, Riberalta, donde viven más de 
    sesenta mil bolivianos, se aísla. Es una isla en medio del bosque. Lo 
    mismo ocurre con la fronteriza Guayaramerín. Si para de llover, tal 
    vez puedan entrar avionetas con suministros. Si la pista de 
    aterrizaje está utilizable. Si es que hay suministros que alguien 
    envíe. 
    Se aíslan también otras ciudades, poblados, caseríos, decenas de 
    comunidades indígenas, miles de personas que viven a la vera de los 
    ríos o cerca de los escasos caminos de la zona. 
    La población amazónica gime y sufre por la falta de alimentos, de 
    gasolina, de servicios. Muchos no tienen nada que comer. Padecen 
    hambre. Deben esperar a que bajen las aguas. 
    También se muere: mueren seres humanos arrastrados por las aguas, 
    mueren el ganado y los animales de corral. Se pierden las chacras. Se 
    contamina el agua para beber. Se propagan enfermedades infecciosas. 
    Se interrumpen las clases escolares. 
    La Amazonía se inunda y colapsa cada año: la naturaleza no perdona 
    nunca y así fue y así es la vida de los amazónicos durante la 
    temporada de lluvias.
    Pero con todo el dolor y el rigor para las condiciones de existencia 
    que la naturaleza impone a los habitantes de la región amazónica 
    boliviana, el drama principal que sufren los amazónicos 
    históricamente no son las lluvias, no es el agua hasta el cuello 
    incluso en las urbes -que, a decir verdad, no son si no extensos 
    campamentos de gente carente de toda comodidad para vivir bien y con 
    dignidad-, no es la naturaleza: la tragedia amazónica es el olvido y 
    es el abandono al cual están condenados.
    
    El siglo XX fue para el Oriente
    
    La Amazonía no existe: figura sólo en los mapas y ni eso: es el área 
    donde siguen habiendo increíbles vacíos de información. 
    La Amazonía no existe porque la Amazonía queda lejos: en la 
    actualidad, llegar hasta Cobija desde la sede de gobierno, es una 
    peripecia de tres o cuatro días, si el chofer es un as del volante y 
    el azar lo bendice. 
    La Amazonía no existe porque la Amazonía queda lejos porque nadie se 
    preocupó de manera estratégica de acercarla, de integrarla, de 
    sumarla al resto de Bolivia. 
    La Amazonía es una isla, una colonia alejada del centralismo nacional 
    y de la falta de una visión del territorio que nos desencueve de los 
    Andes y del eje que empieza en La Paz y termina en Santa Cruz.
    Hace cincuenta años, el Estado nacional se propuso incorporar el 
    Oriente al resto de la República. Este proceso, que inició la 
    Revolución Nacional, se cumplió y con creces: no pueden quedar dudas 
    que hoy no sólo que Santa Cruz está integrada al resto del país sino 
    que es el motor fundamental de la economía boliviana.
    Ahora, en el siglo XXI, le toca al Norte, a la Amazonía. Es la última 
    frontera.
    
    Integrar la Amazonía
    
    Un gobierno de cambio con tanta legitimidad social como el que 
    encabeza Evo Morales Aima debería plantearse de manera objetiva la 
    tarea de integrar el conjunto del territorio nacional de manera 
    definitiva. Es cierto: es una tarea colosal y heroica pero no menos 
    necesaria y urgente.
    Si Evo inicia el proceso de integración amazónica, su gobierno 
    marcará la historia del país y escribirá la página final de un 
    derrotero donde se mezclan las huellas del saqueo y el 
    desmembramiento territorial que sufrió la república pero también los 
    esfuerzos por afirmar y defender su soberanía, reafirmando la 
    identidad andino-amazónica de Bolivia.
    Seguirá el ejemplo de Tarano, el cacique de los Toromonas, y de 
    Arapo, el cacique de los Uchupiamonas, que se opusieron con tenacidad 
    a los conquistadores españoles y vencieron, evitando la imposición 
    colonialista. Continuará la conducta de Santos Pariamo, el mártir 
    Leco, capitán de la Guerra por la primera Independencia, que prefirió 
    morir a rendirse, y de Bruno Racua, el guerrero Tacana, que aseguró 
    con su actuación la soberanía boliviana hasta el río Acre. Valorará 
    la actitud del coronel José Manuel Pando, incasable explorador, y del 
    Capitán Lino Echeverría, que murió defendiendo la soberanía nacional 
    en el río Manuripe.
    Si Evo inicia el proceso de integración amazónica, cambiará la 
    historia. 
    300 pueblos originarios habitaban la Amazonía: hoy sobreviven 
    treinta, tras siglos de genocidio y etnocidio, tras siglos de una 
    historia de masacres y desarraigo. 
    Siquiera por justicia histórica, para reconocerles los derechos que 
    se merecen -sin ir más lejos: por haber conservado el territorio con 
    una de las mayores biodiversidades del mundo entero-, el Estado 
    boliviano debería integrar la Amazonía, rebelándose contra el atraso, 
    el olvido y la injusticia, que son los elementos fundamentales de la 
    verdadera tragedia amazónica.
    
    Una señal de esperanza
    
    Ayer, en su discurso-informe sobre su primer mes de gestión a cargo 
    de la Presidencia de la República de Bolivia, Evo Morales Ayma, hizo 
    referencia a un hecho histórico. Luego de haber visitado junto al 
    Presidente de la Corporación Andina de Fomento (CAF), el también 
    boliviano Enrique García, la estratégica ciudad de Riberalta, lo 
    comprometió a financiar el pavimentado del camino que une a la citada 
    población con Guayaramerín, ciudad situada en la neurálgica frontera 
    con el Brasil. 
    Ambas se constituyen en uno de los corazones -el otro es la ciudad de 
    Cobija- de la integración del Norte amazónico del país con sus 
    vecinos: el coloso brasileño y la República del Perú. 
    En la perspectiva del desarrollo regional y de la subregión amazónica 
    del centro-oeste sudaméricano, la concreción del asfaltado de esta 
    carretera de 89 kilómetros de longitud se constituye en un hito 
    fundamental.
    Pero es más importante aún en la dimensión antes aludida: que un 
    Presidente de la República en su primer mes de gobierno, haya 
    decidido brindar su apoyo decidido a la causa de la integración 
    amazónica no sólo es un mérito que honra a don Evo Morales sino una 
    verdadera señal de esperanza.
    Como el propio Presidente ha dicho en su mensaje, "ojalá" que este 
    compromiso se vuelva realidad y los pobladores de la Amazonía beniana 
    pueden dejar atrás el aislamiento físico, sentando bases más sólidas 
    para su desarrollo sostenible y poder así vivir mejor.
    Ojalá también que esto sea sólo el inicio de un proceso de verdadera 
    integración del Norte al resto de la República, un proceso que 
    esperemos sea conducido por el Estado en base a la planificación 
    estratégica y la participación decidida de sus principales 
    beneficiarios: los habitantes originarios de la Amazonía.
    Estamos hablando, insistimos, de uno de los reservorios de 
    biodiversidad más relevantes del mundo entero por lo cual, así se 
    trate de la construcción de un camino o de cualquiera de las acciones 
    que se desea se emprendan, se deberán tomar en cuenta 
    prioritariamente sus implicancias ambientales, ya que la integración 
    amazónica debería estar signada por políticas efectivas de 
    preservación de la naturaleza que, por otra parte, se constituye en 
    la base de su despegue económico, a través de un aprovechamiento 
    racional y sostenible del bosque húmedo tropical, ecosistema que 
    caracteriza a la Amazonía.
    De eso saben más que nadie los pueblos originarios y es con ellos, 
    Sr. Presidente, con quienes más se podrá avanzar en una política de 
    integración real, de reparación histórica y de justicia social.
    Ayer, Evo Morales anunció al pueblo amazónico y a todos los 
    bolivianos una gran obra y una señal de esperanza. Para que ésta no 
    se frustre, pongámonos a trabajar juntos desde ahora por una Amazonía 
    sostenible, por una Amazonía unida, por una Amazonía de pie.