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Costa Rica por abajo



Costa Rica - 05/08/2004  
  
Costa Rica por abajo 
  
Hace una década, cuando Costa Rica decidió reconocer que allí hay 
indios estableció zonas de "reserva indígena", denominación que los 
ngobe y demás pueblos indios de Costa Rica rechazan. La mayoría 
de la tierra de las reservas pertenece a agricultores blancos y 
compañías trasnacionales. Los ngobe no sabían lo que era la 
"propiedad" de la tierra; para ellos el territorio que habitan, y todos sus 
elementos, siempre han sido parte de su sustento, responsabilidad y 
vida comunal. 
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Por: Silvia Ribeiro* 
 
 
 
 
 
 
 
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Los ngobe viven "desde siempre" en las montañas tropicales del sur 
de lo que ahora es Costa Rica, pero su pueblo se extiende desde 
Panamá. El camino a la comunidad ngobe de Abrojo Montezuma se 
hace a pie la última hora. En la subida se ve la tremenda diversidad 
de la selva tropical y en el horizonte se dibuja la península de Osa. 
Desde la montaña, antes del mar azul se ve otro mar que destaca por 
su extensión y uniformidad: una gran mancha verde lisa, como una 
enorme herida en medio de los cientos de matices y formas de la 
selva: monocultivo de palma africana, otra de las cosechas con que la 
poderosa trasnacional Standard Fruit despoja a Costa Rica. Los 
ngobe, partidos por la frontera con Panamá y por los cercos que la 
trasnacional bananera ha ido empujando, explican que su lucha 
principal es recuperar el territorio.

Hace una década, cuando Costa Rica decidió reconocer que allí hay 
indios -a veces aún negados hasta por el actual presidente- estableció 
zonas de "reserva indígena", denominación que los ngobe y demás 
pueblos indios de Costa Rica rechazan. La mayoría de la tierra de las 
reservas pertenece a agricultores blancos y compañías 
trasnacionales. Los ngobe no sabían lo que era la "propiedad" de la 
tierra; para ellos el territorio que habitan, y todos sus elementos, 
siempre han sido parte de su sustento, responsabilidad y vida 
comunal. Cuando decidieron emprender el camino legal para exigir al 
Estado la propiedad de sus territorios ancestrales, el Estado contestó 
que como no tenían cédula de identidad, no existían. Cuando algunos 
lograron pasar la montaña de trámites para obtenerla, les entregaron 
cédula de extranjeros, no de ciudadanos costarricenses.

No sólo las trasnacionales agrícolas cazan en sus territorios; los 
ngobe (llamados guaymi por los españoles) fueron los primeros seres 
humanos patentados: hace más de 10 años, el gobierno de Estados 
Unidos patentó la línea celular de una mujer ngobe de Panamá, al 
descubrir que tenía especial resistencia a cierto tipo de leucemia. 
Gracias a la intervención de RAFI (ahora llamado Grupo ETC), los 
ngobe lograron la cancelación de la patente, pero su material genético 
nunca fue devuelto. Materiales que ahora probablemente serán 
utilizados en los nuevos institutos de genómica, "para bien de la 
humanidad".

Estando allí, uno siente como si la conquista hubiera sido ayer, un 
rayo que no cesa, multiplicando sus formas de opresión. Los ngobe 
siguen resistiendo, y aunque la lucha los ha endurecido, mantienen la 
cadencia dulce de su cultura. Saben que comparten su destino con 
muchos indios de la región y del mundo. Cerca de allí nos 
encontramos a los boruca de Rey Curré. Reunidos en el salón 
comunal, integrantes de la asociación MIEL (Mujeres Indígenas con 
Espíritu de Lucha) relatan, junto a otros comuneros, la desigual lucha 
que llevan contra un proyecto de represa hidroeléctrica en sus 
territorios. Nunca los consultaron, pero la ICE, compañía estatal de 
electricidad, acordó con capitales canadienses establecer una 
megarrepresa que inundará gran parte del territorio boruca, para 
exportar electricidad a Centroamérica y hasta México (donde a su vez 
se hacen planes de otras represas para exportar electricidad a 
Estados Unidos). Cuentan los boruca que la agresión a su pueblo 
avanzó dramáticamente cuando la carretera Interamericana dividió las 
comunidades y por primera vez los obligó a hacer cercos en sus 
tierras para que sus animales no fueran atropellados. Con la carretera 
llegaron los negocios de comida rápida y las vías de llevarse a los 
jóvenes como mano de obra barata en plantaciones y maquilas. Entre 
muchas otras cosas que los comuneros han reunido para defenderse 
del proyecto de represa, han hecho un estudio de los sitios 
arqueológicos: en sólo 5 por ciento del territorio a ser inundado 
encontraron más de mil sitios con petroglifos y cerámicas 
precolombinas. Igual que los ngobe, rendirse no está en su agenda.

Tampoco se rendirán los campesinos de Bambuzal, Sarapiquí, que 
desde hace tres meses acampan en la Catedral Metropolitana de San 
José. Como muchos otros que fueron expulsados de sus tierras, en 
2001, 122 familias campesinas ocuparon terrenos fiscales, 
estableciendo sus casas y cultivos para sobrevivir. Eran terrenos 
ahora baldíos, que años antes habían sido acaparados por la 
Standard Fruit, pese a que no estaban entre los miles de hectáreas 
que el gobierno les regaló en 1967. Por décadas, la Standard Fruit 
explotó estas tierras fiscales. Los campesinos, en cambio, fueron 
desalojados violentamente apenas entraron, en 2001. Volvieron 
meses después y lograron quedarse. En 2003, a pedido de la 
Standard Fruit, el Estado costarricence envió cientos de efectivos 
policiales para desalojarlos, esta vez con máquinas que devastaron 
sus casas y cultivos. En ambas ocasiones hubo decenas heridos, y 
dos campesinos muertos: Randal Muñoz en 2001 y Gerado Moya en 
2003. El tribunal agrario dio la razón a los campesinos, pero la 
trasnacional sigue contando con el apoyo del gobierno y sus fuerzas 
policíacas.

Las historias podrían ser de Costa Rica o de muchos otros países de 
América Latina. Las venas siguen abiertas y las heridas se ensanchan 
con nuevos instrumentos como la biopiratería, la venta de servicios 
ambientales, los nuevos cultivos para exportación. Pero, claramente, 
también los caminos de la resistencia.

* Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC 
Fuente: ALAI  
 
 
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